La estructura del empleo formal en Argentina está cambiando de forma acelerada. Desde la asunción del gobierno de Javier Milei, más de 127.000 puestos asalariados privados se perdieron, y la mayoría de ellos provienen de sectores industriales y de la construcción. En contraste, sólo tres rubros —comercio, agricultura y pesca— lograron crear empleo neto, lo que refleja una preocupante tendencia hacia la primarización de la economía.
Según datos oficiales, el comercio y el agro sumaron 21.411 empleos cada uno, mientras que la pesca incorporó apenas 1.699 trabajadores. Estos sectores, de bajo valor agregado y escasa innovación tecnológica, son hoy los únicos que muestran dinamismo en un mercado laboral cada vez más precarizado.
La construcción, históricamente generadora de empleo intensivo, fue la más golpeada por el ajuste fiscal y la paralización de la obra pública. Desde diciembre, perdió más del 2,6% de su plantilla. La industria manufacturera, por su parte, eliminó más de 31.000 puestos, consolidando una caída que ya ubica a Argentina entre los países con mayor contracción industrial del mundo.
El modelo económico impulsado por Milei —basado en apertura comercial, ajuste fiscal y desregulación— ha desmantelado políticas de estímulo productivo y debilitado la capacidad instalada del país. Según un informe del centro Fundar, la industria representa el 19% del PBI, pero su peso relativo está en retroceso frente a sectores primarios como el agro, que apenas explican el 7% del producto.
A esto se suma el crecimiento exponencial del trabajo independiente: más de 2,1 millones de personas están registradas como monotributistas, un 58,8% más que en 2012. Esta modalidad, aunque formal, no garantiza derechos laborales básicos y refleja una creciente informalización del empleo.
Entre 2012 y 2023, el empleo privado registrado crecía en promedio 30.000 puestos por año. Hoy, esa tendencia se revirtió: la economía destruye empleo industrial y se apoya en sectores de baja productividad, consolidando un patrón regresivo que recuerda a la Argentina agroexportadora de principios del siglo XX.
Economistas advierten que, sin una estrategia de desarrollo industrial y tecnológico, el país corre el riesgo de quedar atrapado en un modelo extractivista, dependiente de los precios internacionales y con escasa capacidad de generar empleo de calidad.
Redacción Diario Inclusión









