América del Sur está sentada sobre una de las mayores reservas de minerales críticos del planeta, pero aún no logra convertir ese potencial en una industria capaz de competir globalmente. En pleno auge de las tierras raras —elementos clave para fabricar desde turbinas eólicas y autos eléctricos hasta teléfonos inteligentes y equipos de defensa— la región enfrenta un desafío decisivo: seguir exportando recursos sin procesar o invertir para subir en la cadena de valor.
Las tierras raras, un conjunto de 17 elementos con propiedades magnéticas y electroquímicas únicas, no son escasas en la naturaleza. Lo que sí es escaso son los yacimientos con concentraciones viables y, sobre todo, la capacidad tecnológica para separarlas y refinarlas. Ese es justamente el punto donde China edificó su liderazgo.
China, líder absoluto de un mercado cada vez más estratégico
Según estimaciones internacionales, China produjo en 2024 alrededor del 69% de las tierras raras extraídas a nivel global y controla más del 90% de su refinación, el proceso más complejo y costoso. Ese dominio no es casualidad: fue una política industrial sostenida durante décadas, tolerando altos costos ambientales y concentrando tecnología, inversión y control estatal.
Incluso países que extraen tierras raras suelen enviar sus minerales a China para procesarlos, lo que evidencia el enorme diferencial tecnológico y de infraestructura.
El avance del gigante asiático tiene impacto geopolítico. En 2025 llegó a imponer —y luego suspender— controles a la exportación de tierras raras, demostrando que puede utilizar su predominio como herramienta estratégica en la competencia global.
Suramérica: grandes reservas, poca industrialización
La región posee recursos suficientes para jugar un rol mucho más relevante. Brasil es el caso más emblemático: concentra aproximadamente el 23% de las reservas globales de tierras raras. Sin embargo, su producción es mínima y carece de plantas de procesamiento a gran escala.
Un punto de inflexión podría estar en marcha. En noviembre de 2025, Estados Unidos anunció una inversión de 465 millones de dólares en el proyecto Serra Verde de Brasil para impulsar la producción y refinación fuera de China.
Bolivia enfrenta un dilema similar con el litio: tiene las mayores reservas del mundo, pero su producción real es baja debido a desafíos técnicos, logísticos y regulatorios. Las salmueras bolivianas tienen mayor concentración de magnesio, lo que encarece la purificación del mineral, y la falta de salida al mar complica los costos de exportación.
El gran desafío: industrializar o quedarse atrás
Mientras la transición energética acelera la demanda global —que podría triplicarse para 2030 y cuadruplicarse para 2040— América del Sur se encuentra en un punto crítico. La región debe decidir si mantendrá su rol tradicional de proveedor de materias primas o si invertirá en tecnología, conocimiento y capacidad industrial para transformar sus recursos y capturar mayor valor agregado.
La pregunta ya no es si tiene el potencial para competir. La verdadera incógnita es si estará dispuesta a asumir las inversiones, riesgos ambientales y esfuerzos tecnológicos necesarios para insertarse en un mercado dominado por China.
El futuro energético del mundo dependerá cada vez más de estos minerales estratégicos. El lugar que ocupará la región en ese nuevo mapa todavía está por definirse.
Redacción: Diario Inclusión.










