La decisión del Gobierno de avanzar en una baja unilateral de aranceles volvió a quedar bajo la lupa y recibió una de las críticas más contundentes desde el propio establishment económico. En diálogo con Maxi Montenegro, el economista Martín Redrado calificó la política de apertura comercial como “naiv” e “ingenua” y advirtió que, lejos de impulsar el desarrollo, puede profundizar la destrucción de empleo, debilitar a las pymes y dejar al país fuera de las cadenas globales de valor.
Para el ex presidente del Banco Central, la idea de que abrir la economía sin condiciones atraerá inversiones y generará crecimiento responde a una visión simplista y desactualizada del comercio internacional. “El mundo ya no busca productores baratos, busca proveedores confiables”, remarcó, y sostuvo que reducir aranceles sin obtener nada a cambio es resignar poder de negociación en un escenario global cada vez más hostil y competitivo.
Apertura sin plan: el riesgo de un país para pocos
Redrado fue especialmente crítico del modelo económico que se está delineando, basado casi exclusivamente en el agro, la minería y la energía. Si bien reconoció el potencial exportador de esos sectores, advirtió que ese esquema no genera un desarrollo inclusivo ni sostenido.
“No se puede pensar una Argentina para 20 o 24 millones de personas”, afirmó, y dejó al descubierto una de las principales debilidades del rumbo actual: un crecimiento que excluye a millones de argentinos y deja fuera a la industria, las pymes y el empleo urbano. Según explicó, ordenar la macroeconomía puede ser necesario, pero está lejos de ser suficiente si no existe una política productiva activa.
Pymes asfixiadas y un crédito que no llega
El economista también apuntó contra la política financiera, a la que responsabilizó por encarecer el crédito y frenar la inversión productiva. Criticó duramente el uso de encajes bancarios en títulos públicos, una medida que —según explicó— drena liquidez del sistema financiero y limita el financiamiento a empresas.
“Eso le quita crédito a los sectores productivos y mantiene tasas de interés incompatibles con cualquier proyecto industrial”, advirtió, al tiempo que señaló que las pymes quedan atrapadas entre costos financieros elevados y una apertura comercial que las expone a competir en condiciones desiguales.
Federalismo debilitado y provincias relegadas
En otro tramo del diálogo, Redrado cuestionó el esquema fiscal vigente y denunció que el sistema impositivo se fue transformando en un entramado de asignaciones específicas que perjudica a las provincias. Impuestos que deberían ser coparticipables, como el IVA o el impuesto al débito y crédito, terminan financiando otros fines, reduciendo recursos para el interior del país.
“El sistema tributario es como un queso gruyere”, graficó, y reclamó una verdadera transformación federal que devuelva capacidad de acción a las provincias y reduzca las desigualdades territoriales.
Comercio exterior: más dogma que pragmatismo
Uno de los cuestionamientos más duros estuvo dirigido a la política comercial. Redrado sostuvo que el Gobierno actúa con dogmatismo ideológico al bajar aranceles sin exigir contraprestaciones para la producción nacional. En un mundo donde predominan las negociaciones bilaterales y el “qué me das y qué te doy”, la Argentina —según alertó— está jugando con reglas que ya no existen.
Como ejemplo, mencionó el caso de la industria vitivinícola, que enfrenta aranceles para exportar a México mientras competidores de otros países ingresan sin pagar impuestos. “Así no se compite”, advirtió. También alertó sobre el avance de productos chinos en el mercado interno, favorecidos por la apertura, especialmente en sectores sensibles como el automotriz.
Una advertencia que incomoda
Lejos de defender un cierre económico, Redrado dejó en claro que el problema no es comerciar con el mundo, sino hacerlo sin estrategia, sin negociación y sin defensa del entramado productivo local. “Bajar aranceles puede ser una herramienta, pero usada así se convierte en un error grave”, sostuvo.
El mensaje es contundente: sin una política industrial, exportadora y federal, la apertura comercial corre el riesgo de convertirse en una transferencia directa de empleo y producción hacia el exterior, dejando a la Argentina con menos industrias, menos trabajo y un desarrollo cada vez más desigual.
Redacción: Diario Inclusión.










