La historia de Li-Meng Yan y Ranawaka Perera, ambos virólogos de la Universidad de Hong Kong, se transformó en un caso emblemático sobre cómo las teorías del origen del COVID-19 pueden impactar en la vida personal y profesional de los científicos. Según un artículo publicado por The New York Times, la pareja se fracturó de manera irreversible tras las afirmaciones de Yan sobre la supuesta liberación deliberada del virus por parte del gobierno chino.

Antes de la pandemia, Yan y Perera compartían una vida dedicada a la investigación de virus emergentes. Ella, oriunda de Qingdao, China, se había inspirado en su abuelo médico para seguir la carrera científica. Él, nacido en Sri Lanka, trabajaba como virólogo en Hong Kong. Se casaron en 2014 y describían su relación como una unión basada en la confianza y el afecto, con planes de formar una familia.
El punto de quiebre llegó a fines de 2019, cuando Yan investigó sobre un nuevo coronavirus en Wuhan y recibió información que sugería transmisión entre humanos. Alarmada por la falta de acción de sus superiores, contactó a Wang Dinggang, un empresario crítico del gobierno chino que difundía contenidos en YouTube. Esa relación y sus temores crecientes tensaron la convivencia con Perera.
En abril de 2020, Yan desapareció de su hogar en Hong Kong y viajó a Estados Unidos con apoyo de una fundación vinculada a Steve Bannon y al empresario exiliado Guo Wengui. Allí fue alojada en “casas seguras” y se convirtió en figura mediática al promover la teoría del laboratorio en programas como los de Fox News.

Documentos citados por The New York Times revelan que una fundación ligada a Guo le pagaba 10.000 dólares mensuales para sostener su misión de denunciar al Partido Comunista Chino. Sin embargo, sus publicaciones científicas fueron rápidamente refutadas por expertos, quienes señalaron errores y falta de evidencia sólida.
Mientras tanto, Perera intentaba recuperar el contacto con su esposa. En 2021 viajó a Estados Unidos y buscó ayuda en el FBI y detectives privados, pero Yan se mantuvo oculta, convencida de que su familia era utilizada para atraerla de vuelta a China. Según el diario estadounidense, ella solo confirmó que se encontraba en algún lugar del país, sin dar más detalles.
En entrevistas con The New York Times, Yan aseguró que sus decisiones fueron independientes y motivadas por convicciones personales, rechazando la idea de haber sido manipulada. Su familia, en cambio, cree que fue influenciada por quienes la rodearon tras su llegada a Estados Unidos, lo que destruyó su matrimonio y su carrera.
Tras el fin del mandato de Trump, los apoyos económicos y mediáticos disminuyeron. Yan se distanció de Guo y actualmente permanece escondida, sin posibilidad de trabajar en el ámbito académico por temor a revelar su paradero. Colabora en emisiones de Wang Dinggang, a quien considera su “mejor amigo”, mientras enfrenta intentos de hackeo y denuncias de represión transnacional.

El caso refleja cómo las disputas sobre el origen del COVID-19 se entrelazan con la geopolítica y la desinformación. Aunque la comunidad científica y agencias de inteligencia estadounidenses siguen divididas, la hipótesis de una liberación intencional del virus carece de respaldo sólido entre los expertos.
Perera, por su parte, continúa buscando respuestas. Su mayor deseo es saber que Yan está a salvo, aunque reconoce que la herida de su ausencia solo podrá cerrarse cuando conozca la verdad sobre lo ocurrido.
Redacción Diario Inclusión ✍️










