“Y, llevame a La Plata“, le respondió entre risas uno de los miles de hinchas de Estudiantes que salía del Madre de Ciudades a uno de los pibes moto-taxi que se apersonó en las inmediaciones del estadio para ofrecer sus servicios. Broma aparte, razón no le faltaba al pincharrata ya que mientras arrancaba el éxodo de los suyos en Santiago del Estero, en la intersección 7 y 50, como a 1.100 kilómetros de distancia, ya se había juntado una verdadera multitud para festejar el cuarto título en apenas tres años del ciclo comandado por Eduardo Domínguez.
Dentro del Madre de Ciudades los festejos de los jugadores con su gente se extendieron largo y tendido. Aunque hubo cantitos para muchos, el que más se llevó no fue ni uno de los jugadores ni el entrenador tetracampeón, sino un dirigente. Claro, no es cualquier dirigente. Juan Sebastián Verón no escapó a los halagos en su aventura santiagueña y hasta terminó levantando el trofeo de campeón desde la platea en la que miró el partido, antes de meterse en la cancha cuando ya había pasado la ceremonia de premiación y el campo era terreno exclusivamente albirrojo.
“La verdad que un lindo gesto, la realidad era que no me lo esperaba, no era algo que era necesario hacer. Se los agradezco porque me tuvieron presente en este momento”, dijo el presidente de Estudiante sobre el momento en que algunos de los jugadores le llevaron la copa a la platea. De todos modos, si Verón se merecía levantar el trofeo no era por el año del equipo -temporada salvada por el campañón en estos playoffs- sino por la innumerable cantidad de fotos que se sacó desde la tempranera llegada a su asiento, rodeado de amigos, familiares y algún que otro seguridad. Realmente muy dispuesto al abrazo, y eso que hace un calor insoportable por estas tierras.
Como al hincha de Estudiantes difícilmente se le escape alguna, quien se llevó más cantitos después de Verón fue el capitán del equipo, Santiago Ascacíbar, muy presente en el siempre peligroso radar de River y Marcelo Gallardo. “El Ruso no se va, el Ruso no se va, no se va, el Ruso no se va”, le cantaron en repetidas ocasiones. La respuesta posterior del jugador, sin embargo, dejó más dudas que certezas: “Todavía estoy acá, me queda una final más y después voy a pensar el futuro. La cabeza está acá hasta que termine el año. Después voy a hacer una evaluación”.
El otro gran protagonista de los festejos fue Eduardo Domínguez, el padre de la criatura. Y a pesar de que este ya es su cuarto título en el club, el cantito de los hinchas sigue quedando raro con su largo nombre. “Que de la mano, de EduDomínguez -así todo junto- todos la vuelta vamos a dar”, se escuchó una y otra vez, junto al más melódico grito de “Barba, Barba”.
El exdefensor de 47 años termina contrato el 31 de diciembre y, por ahora, ni noticias de su continuidad. Durante el año se lo dio varias veces afuera del club por los malos resultados y se cruzó más de una vez con la dirigencia de manera pública, por lo que fue muy publicitado el abrazo con Verón durante los festejos en Santiago. De todos modos, al ser consultado por la renovación del contrato, el presidente pincha la tiró lejos como en sus mejores épocas de futbolista: “Ahora tenemos un partido. Me parece que nos tenemos que enfocar en eso y luego del partido obviamente ver un poco lo que decía, esto de sentarnos. Los desafíos por delante son distintos, las exigencias son más y me parece que para afrontar eso, todos tenemos que reflexionar. Reinventarse en el fútbol argentino es difícil y hay que trabajar sobre eso”.
El partido al que se hace referencia es el que jugarán Estudiantes y Platense el sábado que viene en el Estadio Unico de San Nicolás, por el Trofeo de Campeones que enfrenta al campeón del Apertura y el del Clausura. Y para esta cita se abrió una incógnita, ¿podrán estar los jugadores suspendidos por la AFA por el “espaldazo” contra Rosario Central? De acuerdo al fallo, la sanción a once futbolistas era por el “próximo torneo oficial”. Polémica en puerta, una más.










