En los últimos dos meses, la carne vacuna registró un aumento del 30% en góndolas, según la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (CAMyA). Los cortes más afectados fueron el asado americano, con un incremento del 55%, la tapa de asado (48%) y el matambre (41,7%).
El especialista agropecuario Javier Preciado Patiño advirtió que la brecha de precios entre la carne vacuna y el pollo y el cerdo alcanzó el 29%, superando a Uruguay, donde la diferencia es apenas del 3%. Argentina comienza a recorrer el camino de países como Japón (180%), Brasil (94%) o Alemania (60%), donde la carne vacuna es mucho más cara que sus sustitutas.
El consumo interno refleja el cambio: hoy los argentinos comen prácticamente en partes iguales carne vacuna y pollo, con un promedio de 48 a 50 kilos por habitante al año en cada caso. La carne porcina también crece y ya ronda los 20 kilos por persona.
El stock bovino se mantiene estancado desde hace décadas, mientras la población aumenta. Esto reduce la disponibilidad de carne vacuna por habitante. Para revertirlo, se necesitaría un aumento en el peso de faena y mejoras en la eficiencia del destete, aunque por ahora no hay transformaciones concretas que lo permitan.
La demanda internacional por carne argentina, cada vez más fuerte, agrega presión sobre los precios internos. Los mercados externos están dispuestos a pagar valores elevados por el producto local, lo que reduce la oferta disponible en el país.
Sergio Pedace, vicepresidente de CAMyA, señaló que desde septiembre el novillo aumentó 28,5% en hacienda, pasando de $8.000 a $9.000 el kilo. Miguel
Schiariti, presidente de Ciccra, coincidió en que la menor disponibilidad es un problema estructural que se arrastra desde hace años. Aun así, el consumo repuntó 4% en el último mes, llevando el promedio anual a 49,5 kilos por habitante.
✍️ Redacción Diario Inclusión










