La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) mantiene activas las auditorías que derivan en la baja de pensiones por discapacidad, incluso en medio del escándalo por presuntas coimas en su conducción. Las denuncias se multiplican: beneficiarios que no fueron notificados, citaciones a cientos de kilómetros, exigencias médicas imposibles de cumplir y revisaciones humillantes.
El exdirector de ANDIS, Diego Spagnuolo, fue grabado reconociendo que “dar de baja las pensiones es mi trabajo”, en diálogo con un enviado del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger. Según sus propios dichos, las auditorías fueron diseñadas como mecanismo para ejecutar el ajuste exigido por el gobierno libertario.
Las consecuencias son devastadoras. Personas con amputaciones, niños con síndrome de Down, adultos con enfermedades crónicas o neurodivergencias pierden el beneficio sin previo aviso. En muchos casos, la carta documento nunca llega o se envía a domicilios incorrectos, dejando a los afectados sin posibilidad de defensa.
El recorte también alcanza a los prestadores del Plan Incluir, que brindan apoyo terapéutico y educativo a quienes no tienen obra social. Centros con más de 20 años de trayectoria fueron dados de baja por observaciones administrativas menores, sin posibilidad de subsanar ni apelación. Los vínculos terapéuticos se cortan de forma abrupta.
A esto se suma la falta de actualización de aranceles desde diciembre de 2024, lo que deja a acompañantes terapéuticos, integradores escolares y profesionales de salud por debajo de la línea de pobreza. La cadena de pagos está rota, y miles de niños y adultos con discapacidad ven interrumpidos sus tratamientos y traslados.
La política oficial contradice los principios de inclusión y autonomía promovidos por Naciones Unidas. En lugar de garantizar un piso de dignidad, el Estado impone barreras burocráticas que excluyen, humillan y empujan al abandono. El ajuste no distingue entre derechos ni necesidades.
Mientras el gobierno celebra ahorros, las familias enfrentan la angustia de perder el único ingreso que les permitía sostener una vida independiente. La motosierra libertaria avanza sobre los cuerpos más vulnerables, sin mirar atrás.
Redacción Diario Inclusión