El presidente Javier Milei confirmó que el esquema de bandas cambiarias se mantendrá hasta 2027, con el objetivo de evitar sobresaltos en el tipo de cambio y consolidar la desinflación. La decisión, respaldada por el Tesoro estadounidense, busca dar previsibilidad al mercado, pero genera tensiones entre los inversores que reclaman una apertura gradual del cepo para las empresas.
Durante 2025, el Gobierno avanzó en la liberación del cepo para personas físicas, pero mantuvo casi intactas las restricciones para el sector corporativo. Incluso se reimpusieron trabas como la “restricción cruzada”, que impide operar en el mercado oficial y simultáneamente en el MEP o el contado con liquidación. Según estimaciones privadas, las empresas habrían canalizado cerca de USD 12.000 millones mediante mecanismos indirectos.
Los analistas advierten que mantener el cepo sin flexibilizarlo impide que Argentina recupere la categoría de mercado emergente. Un informe de JP Morgan estima que esa recategorización podría generar flujos automáticos por USD 2.600 millones hacia el mercado accionario local, al ser incorporado en los índices MSCI emergentes y latinoamericanos.
La estrategia del Gobierno difiere de la aplicada por Mauricio Macri en 2015. En aquel entonces, se levantaron todas las restricciones cambiarias de forma inmediata, pero no se logró el equilibrio fiscal. Milei optó por el camino inverso: primero logró superávit en las cuentas públicas y luego comenzó a desarmar el cepo, aunque con avances lentos y algunos retrocesos.
Un punto clave es que la continuidad de las bandas no impide seguir flexibilizando el acceso al mercado cambiario. Sin embargo, el ajuste mensual del 1% en el techo cambiario podría dificultar la acumulación de reservas, uno de los objetivos centrales para 2026. La compra de divisas por parte del Tesoro podría generar presión sobre el tipo de cambio, que ya se acerca al límite de $1.500 en el mercado mayorista.
En este contexto, los mercados consideran que la mejor vía para fortalecer al Banco Central es liberar el cepo y avanzar hacia un esquema de flotación más amplia. Las bandas son vistas como una herramienta transitoria, útil para estabilizar pero insuficiente para atraer inversiones genuinas.
La incógnita es el ritmo de la flexibilización. Con la cosecha gruesa en el horizonte y la necesidad de captar capitales, el Gobierno deberá equilibrar su compromiso con la estabilidad y las demandas del sector productivo. El cepo, más que una herramienta técnica, se ha convertido en el termómetro de la confianza económica.
✍️ Redacción Diario Inclusión










