La economía argentina volvió a sacudirse este jueves con una escalada abrupta del riesgo país, que superó los 1400 puntos básicos, mientras el dólar paralelo alcanzó los $1500 y los bonos soberanos se desplomaron hasta un 13% en el mercado local. La jornada estuvo marcada por la incertidumbre política y la reacción adversa de los mercados ante los mensajes del gobierno.
El detonante fue el duro golpe que sufrió el oficialismo en la Cámara de Diputados, sumado a la expectativa de una nueva derrota en el Senado. En lugar de ofrecer señales de estabilización, el ministro Luis “Toto” Caputo optó por instalar la teoría del golpe institucional, justo antes de la apertura del mercado. La respuesta fue inmediata: castigo financiero y desplome de activos.
El índice de riesgo país elaborado por JP Morgan saltó más de 250 puntos en pocas horas, alcanzando los 1429 puntos, lo que representa un incremento del 22,5% en un solo día. Esta cifra refleja el creciente temor de los inversores sobre la capacidad del gobierno para sostener la gobernabilidad y cumplir sus compromisos financieros.
Los bonos en dólares se hundieron hasta un 13,6% en el ámbito local y un 7,8% en Wall Street, mientras las acciones argentinas en Nueva York mostraban caídas de hasta 6%. El mercado pintado de rojo evidenció la pérdida de confianza y la falta de horizonte económico claro.
En paralelo, el dólar blue se disparó hasta los $1515, mientras los bancos privados ya lo cotizaban por encima de los $1500, superando ampliamente la barrera psicológica. El Banco Nación intentó contener la cotización en $1490, sin éxito frente a la presión del mercado financiero.
La falta de coordinación entre el discurso político y las medidas económicas agrava el escenario. La instalación de narrativas conspirativas sin respaldo institucional parece haber profundizado la desconfianza, en lugar de calmar las aguas. El gobierno enfrenta una crisis de credibilidad que se refleja en cada indicador financiero.
La situación exige respuestas concretas y un giro estratégico que recupere la confianza perdida. Mientras tanto, el termómetro económico sigue marcando fiebre alta.
Redacción Diario Inclusión










