Bonistas reestructurados exigen reformas a la Argentina

El grupo de grandes fondos de inversión internacionales que ingresaron en el exitoso canje de deuda; no se quedará callado.

Fuentes de los bonistas que firmaron el comunicado distribuido el jueves pasado, afirman que si bien la intención “no es decirle al gobierno lo que tiene que hacer”; si mencionan que “algo debe pasar para que las reservas dejen de estar cerca de cero”. Y reclamaron “un programa económico sólido que contiene reformas estructurales destinadas a solucionar los problemas que tiene Argentina”.

El castigo verbal hacia la Argentina y el organismo que maneja Kristalina Georgieva se justifica, según los fondos, por el desplome de sus tenencias, y el sostenimiento de parte de los acreedores de los nuevos títulos públicos en sus carteras. Según la visión de parte de los integrantes del Ad Hoc, Exchange Bondholders y Argentina Creditor Committee, los tres grupos que representaron a los bonistas; cuando sus titulos públicos canjeados comenzaron a cotizar y el “Pacto de Caballeros”, de no provocar ventas masivas de los títulos canjeados en un proceso de reestructuración o lanzamiento de nueva deuda voluntaria. Siempre que se reestructura de manera voluntaria la deuda soberana o una gran empresa sale al mercado unos días después los grandes operadores financieros tenedores de esos papeles sostienen el precio o lo hacen crecer de manera prolija, pero nunca se viven avalanchas vendedoras que hagan que la inversión comience su vida útil con malas señales en sus primeras jornadas. Según afirman los principales acreedores, ellos mantienen sus papeles argentinos cumpliendo el pacto; pero la mala praxis local provocó (medida en la brecha cambiaria de más del 100%), provoca una huida de los bonos argentinos que perjudica seriamente las posesiones de los tres grupos de acreedores, compañeros ahora en la desgracia de sus cotizaciones deprimidas. Entre otros se encuentran en esta situación el legendario BlackRock, PIMCO, Templeton, Monarch, Ashmore, Contrarian, Fidelity, Greylock y el resto de las grandes casas de inversión que finalmente aceptaron la propuesta del Gobierno de Alberto Fernández. El principal castigo lo recibió el que en teoría debían haber sido los bonos estrella y faro de la Argentina pos canje: el Global 2035; seguido por el 2030. El 2035 cotización Nueva York, que en su mayoría está en poder de los grandes fondos de inversión papeles originales emitidos desde el 2016 en adelante (y que, se supone, están en manos de BlackRock, Ashmore, Fidelity, Contrarian y similar), tendrá una circulación de u$s20.502 millones, representando el 30% del total emitido en el canje. El segundo, el 2030, con una emisión de u$s 16.091 millones (un 24% del total), está en poder, en su mayor parte, de los tenedores de deuda emitida en los canjes 2005 y 2010, a los que se le ofreció el bono de menor plazo para compensar su decisión de ingresar al canje pese a tener posibilidades legales de avanzar en eventuales juicios en la justicia norteamericana del Segundo Distrito Sur de Nueva York. Los rendimientos se ampliaron 5% (500 puntos básico), si el exit yeil fue de 10%, hoy ese exit yield está en 15%. Y siempre, cuando el rendimiento sube, el precio de los bonos bajan. O, dicho de otro modo, en un mes y medio, y con el canje cerrado; Argentina es hoy un país 5% más riesgoso que al momento en que los grandes fondos de inversión aceptaron la última oferta de Guzmán. En las últimas horas, Argentina batió un récord, y superó a Belice en el ranking de rendimientos de los bonos. Traducido en pérdidas en dólares; las cotizaciones de los bonos reestructurados perdieron un 25% desde que comenzaron a cotizar.

Según el ministerio de Economía, los firmantes del comunicado no representan a la totalidad de los acreedores, sino a una parte. Y que se trata en realidad de una especie de venganza desde alguno de los fondos, que mantuvieron durante las duras negociaciones por la reestructuración de la deuda, arduos encuentros vía Zoom con el ministro de Economía; que generaron una desconfianza abierta y una promesa de no dejar las cosas sin resolver. Desde los acreedores se niega que haya intenciones de venganza, y que todo el conflicto se debe a las pérdidas de los activos. Y de la vigencia del hoy muy molesto Pacto de Caballeros”.

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