La metalúrgica Cramaco, ubicada en la ciudad santafesina de Sastre, confirmó que dejará de fabricar en el país y pasará a vender productos importados. La decisión implica el despido de 35 obreros, lo que representa cerca del 90% de su plantilla, y marca un duro golpe para la economía de una localidad de apenas 6.000 habitantes.
La empresa, que en realidad se denomina DBT desde 1999, había consolidado su liderazgo en el mercado local tras asociarse en 2003 con la multinacional española Himoinsa, alcanzando una participación del 85% y exportaciones a América, Europa y Asia. Sin embargo, la caída en las ventas y la apertura de importaciones precipitaron el cierre de la producción nacional.
Fuentes gremiales señalaron que entre los despedidos hay trabajadores con 40, 37 y 28 años de antigüedad, lo que refleja el impacto humano de la medida. La empresa se comprometió a pagar indemnizaciones, aunque la pérdida de empleo afecta directamente a familias que dependían de la planta como principal fuente de ingresos.
La Unión Obrera Metalúrgica (UOM) reaccionó de inmediato. Jorge Herrador, delegado gremial con más de 25 años en la fábrica, denunció que “nos echaron a todos a la calle, una situación muy fea”. Según explicó, de los 57 empleados, solo quedaron 22, ninguno en el área de producción, lo que confirma la intención de la firma de abandonar la fabricación local.
No es la primera vez que Cramaco recorta personal. En septiembre de 2024 ya había despedido a 16 trabajadores por la paralización de la actividad y el exceso de stock: la planta acumulaba 120 grupos electrógenos, mientras las ventas mensuales apenas alcanzaban entre 10 y 12 unidades.
Un allegado a la empresa confirmó que la firma no cerrará, pero funcionará como depósito y centro de ensamblaje. “Solo quedarían dos o tres empleados de logística, que bajan las cosas que vienen de China, las limpian y las cargan al camión”, detalló.
La decisión de Cramaco se suma a otros cierres industriales en el país, como Whirlpool y Essen, y refleja el impacto de la apertura de importaciones en la industria nacional. Para Sastre, la pérdida de su principal motor económico abre un escenario de incertidumbre y preocupación por el futuro laboral de su comunidad.
✍️ Redacción Diario Inclusión










