La economía mundial enfrenta una nueva señal de alarma que va mucho más allá de los mercados financieros tradicionales. Mientras Occidente sigue mirando al oro, a las tecnológicas o a las criptomonedas, China avanza silenciosamente sobre un recurso estratégico que sostiene el funcionamiento del mundo moderno: la plata.
En las últimas semanas, el metal se consolidó como el tercer activo más valioso del planeta, impulsado por una demanda industrial récord y una escasez física cada vez más evidente. Pero lo verdaderamente inquietante no es la suba del precio, sino la fractura entre el mercado financiero y la realidad material, una brecha que expone la fragilidad del sistema global.
Dos precios, dos mundos y un sistema al borde
En el mercado de futuros de Estados Unidos (COMEX), el precio de la plata de “papel” permanece artificialmente contenido, rondando los 77,5 dólares por onza. Sin embargo, en el mercado físico asiático, particularmente en la Bolsa de Oro de Shanghái (SGE), la plata real ya se negocia por encima de los 80 dólares, con primas crecientes por disponibilidad inmediata.
Esta diferencia, que en condiciones normales sería absorbida por el arbitraje, hoy no se corrige. El motivo es simple y alarmante: no hay metal suficiente para respaldar los contratos financieros. Las bóvedas occidentales se vacían mientras Asia paga lo que haga falta por asegurarse suministro físico.
Las reservas de plata “registrada” en el COMEX —la única realmente disponible para entrega— cayeron desde cerca de 200 millones de onzas en 2025 a alrededor de 130 millones. Un nivel que cubre apenas una fracción de la demanda anual global, estimada en más de 1.200 millones de onzas.
China deja de jugar al papel y se queda con el metal
A diferencia de Estados Unidos y Europa, China ya no confía en promesas impresas ni en contratos digitales. Su estrategia es clara: quien controla el metal físico controla la industria y, por extensión, la tecnología.
Datos de consultoras especializadas muestran que en el mercado chino la prima por conseguir plata física llegó al 7%, una señal inequívoca de escasez real. Mientras tanto, el precio del metal se triplicó en apenas un año, pasando de 30 a casi 80 dólares por onza.
La jugada se completa con una decisión política de alto impacto: desde el 1 de enero de 2026, el gobierno chino endureció drásticamente el sistema de licencias para exportar plata. Solo empresas con producciones superiores a 80 toneladas anuales pueden acceder a permisos, y apenas 32 compañías fueron autorizadas para exportar entre 2026 y 2027.
En los hechos, se trata de un cierre estatal del grifo, diseñado para garantizar que el metal quede dentro del país y alimente su propia industria tecnológica.
El verdadero poder está en el refinado
China no necesita controlar todas las minas del mundo. Le basta con dominar el cuello de botella: el refinado. Hoy concentra cerca del 90% del refinado global de materiales estratégicos, además de liderar el procesamiento de litio, cobalto y otros minerales clave.
Más de dos tercios de la plata mundial se obtiene como subproducto de minas de plomo, zinc y cobre, lo que vuelve a la oferta rígida e incapaz de responder rápidamente a subas de precio. En este contexto, la decisión china no es improvisada: es el resultado de décadas de planificación.
Impacto directo en la vida cotidiana
La plata no es un lujo financiero. Es un insumo esencial para paneles solares, autos eléctricos, servidores de inteligencia artificial, chips, cables y dispositivos electrónicos. Más del 55% de la demanda mundial ya es industrial y no admite sustitutos.
Un solo auto eléctrico contiene entre 25 y 50 gramos de plata. La industria fotovoltaica consumirá casi 200 millones de onzas en 2025, y se proyecta que la demanda se multiplique por cinco hacia 2026. Cada suba del metal se traduce, sin filtro, en facturas más caras, tecnología más costosa y menor acceso a la transición energética.
Una revancha histórica y un nuevo orden
Para Pekín, esta estrategia también tiene una carga simbólica. En la década del ’30, Estados Unidos utilizó compras masivas de plata para desestabilizar la economía china, forzando una deflación devastadora. Un siglo después, los roles parecen invertidos.
Hoy China usa la plata como arma geopolítica, asegurando suministro barato para su industria mientras expone a Occidente a precios inflados y escasez estructural.
La era de la globalización sin fricciones parece haber terminado. En un mundo multipolar, los recursos críticos ya no se comercian libremente: se administran como instrumentos de poder. Y en esa partida, la plata dejó de ser un metal secundario para convertirse en una de las llaves del futuro económico y tecnológico global.
Redacción: Diario Inclusión.










