Pese a la instalación reciente de un alambrado de 250 metros por el que se invirtieron más de $36 millones en la frontera salteña, los pasos ilegales siguen funcionando sin control alguno, según mostró un informe especial del noticiero Telenoche. En los límites de Salta con Bolivia, Paraguay y Brasil, miles de personas cruzan diariamente productos sin declarar, mientras las fuerzas de seguridad parecen desbordadas o directamente ausentes.
En la zona de la triple frontera, barcos repletos de mercadería ilegal cruzan el río sin ningún tipo de control. Desde neumáticos y ropa hasta electrodomésticos, todo entra por vías paralelas a las legales. Las escenas que mostró la TV son impactantes: menores de edad cargando hasta 120 kilos en la espalda, en ojotas, por caminos de tierra al borde del río.
«Cruzamos todas las veces que se pueda por día. Todo el día hay laburo. Hay patrones acá que se llevan millones. Es imposible que se corte», contó un pasero ante las cámaras.
El relato crudo se completa con imágenes de Prefectura navegando sin poder intervenir, handies en manos de contrabandistas para avisarse entre sí, y hasta tragedias evitables: «Lo que más me impactó fue ver chicos ahogándose. El otro día hubo un choque de lanchas y murió un muchacho», reveló otro trabajador informal del contrabando.
Desde diciembre pasado, el gobierno nacional y la provincia de Salta impulsan el Plan Güemes, una estrategia conjunta que busca combatir el contrabando, la trata de personas y el narcotráfico en los principales pasos fronterizos. La cabecera del operativo está en Aguas Blancas, donde se construyó el alambrado que une la terminal de ómnibus con el paso formal a la localidad boliviana de Bermejo.
Sin embargo, la medida no logra su objetivo: la gente sigue utilizando los pasos informales para cruzar hacia Bolivia. En uno de estos pasos, Gendarmería, Prefectura y Policía Federal están presentes, pero según testigos, apenas intervienen. «Los agentes miran y a veces frenan a alguien. Pero pasa de todo», denunció un lugareño.
La misma situación se replica en Salvador Mazza, frontera con Yacuiba (Bolivia), donde los estacionamientos privados funcionan como pseudo aduanas, sin intervención estatal.
La inversión millonaria en infraestructura contrasta con la realidad en el terreno, donde los controles brillan por su ausencia. La frontera está liberada, según vecinos, y la policía tendría complicidad con los contrabandistas, según informó TN.