Los últimos años trajeron un clima dual en la economía argentina: festejo en las mesas de dinero y preocupación en las fábricas. En los círculos financieros se descuenta que el verano será escenario de nuevas “operetas” con la reaparición de Luis Caputo en los mercados internacionales, con expectativas de canjes de deuda y operaciones de recompra que podrían reducir el riesgo país desde los actuales 650 puntos básicos hasta niveles cercanos a los 470, similares a los bonos corporativos de alto riesgo en Estados Unidos. Sin embargo, antes de ese movimiento, se espera una licitación de $40 billones que marcará el cierre del año.
Entre los factores que podrían favorecer al mercado se mencionan la baja de tasas de la Fed y el BCE, la consolidación de activos públicos en el Tesoro, la recompra de deuda y el pago de cupones en enero de 2026. Este último punto, según un informe técnico, podría reducir el riesgo país a 560 puntos, el menor nivel en la gestión de Javier Milei.
Así y todo, hay una advertencia clara que los mantiene en alerta: las reservas internacionales netas están en cero y no hay margen para maniobras. Sin embargo, Luis Caputo, se resiste a que el Banco Central compre reservas, lo que genera incertidumbre entre los inversores.
Mientras los mercados celebran, la economía real muestra otra cara. El último PBI trimestral reveló un estancamiento heterogéneo, con sectores energéticos y mineros como únicos motores. El consumo interno sigue deprimido y las fábricas enfrentan costos dolarizados, tarifas desreguladas y caída de ventas históricas (Me permito la expresión para ir en sintonía del presidente).
Son noticias de cada día el cierre de empresas tras largos esfuerzos de aguantar con la expectativa de que pudiera revertirse la profunda recesión en la que la administración libertaria indujo a la economía. Podemos repasar algunas de los últimos días: Whirlpool, que cerró su planta de pilar dejando 220 pérdida de puestos de trabajo, sin contar los trabajadores que estaban por fuera de la UON, en ese caso el número ascendería a 350; la fábrica de cacerolas Essen, con 30 despedidos. La empresa de lácteos Suipachense con un saldo de 140 familias sin ingresos, la fábrica de autopartes DANA, que cerró su planta en la provincia de San Luis (con 50 pérdida de empleo directo y se estima otros 50 indirectos). Por otra parte, la empresa chilena Cencosud tiene confirmado el cierre de sucursales de supermercados VEA en la provincia de Buenos Aires (en Moreno, Castelar entre otras ciudades), en provincia de Tucumán (3 sucursales), en Mendoza, Catamarca, San Juan, con al menos 150 pérdida de fuerza laboral directa y otra cantidad de trabajo indirecto que ajusta cada vez más al sector privado.
A ello debe sumarse la cantidad de empresas que no pudieron esperar al escenario post electoral junto a miles de comercios que cerraron sus persianas. Desde noviembre del 2023 (asunción de Javier Milei como presidente) cerraron alrededor de 19 mil empresas, un promedio de 30 empresas por día, con un aproximado de 200.000 pérdida de puestos de trabajo del sector privado, sumado y frente a 80.000 del sector público, un total de 280.000. Digo “frente” porque si se compara el “ajuste”, “motosierra” o “achique” que sufrió la economía surge a todas luces que el peso cayó (y seguirá cayendo) contundentemente sobre el sector privado en evidente colisión con el discurso del presidente de que el ajuste lo pagaría el “Estado”. Esta aclaración es solo para demostrar la falacia dialéctica del discurso libertario, porque, en la práctica, el peso del ajuste se ha trasladado al entramado productivo, traducido en pérdidas de puestos de trabajo, menor salario, menos consumo y su contracara, menos ventas, su consecuente cierre de empresas, despidos y… un espiral que podemos al menos sospechar dónde termina.
El funcionamiento de la microeconomía está condicionada a las decisiones adoptadas en la macroeconomía, por un presidente que se definió anarcocapitalista y un ministro de economía que ya gobernó con Mauricio Macri replicando estrategias basadas en la obtención de dólares vía endeudamiento externo y no mediante generación genuina.
En definitiva, Argentina transita un fin de año con dos realidades opuestas: la fiesta financiera en las pantallas y la crisis palpable en las fábricas y comercios. Una misma moneda que refleja la tensión entre la macro celebrada y la micro asfixiada.
✍️ Por Constantino Camacho
Abogado – Especialista en Derecho minero y gestión empresarial y Defensa del Consumidor. Prof. en Macoy Academia de Derecho Societario, Comercial, Contratos, Lógica y argumentación y Filosofía del Derecho.










