La industria siderúrgica argentina atraviesa una de sus peores crisis en décadas. Las localidades de San Nicolás y Villa Constitución se convirtieron en epicentro del conflicto, con plantas paralizadas, sueldos impagos, suspensiones masivas y denuncias de vaciamiento. La postal es clara: trabajadores en la calle y empresas que se repliegan sin dar explicaciones.
En San Nicolás, la planta de Ternium permanece detenida tras el fracaso de la conciliación obligatoria dictada por el Ministerio de Trabajo bonaerense. La UOM local rechazó una nueva intervención nacional por considerarla improcedente, mientras la empresa se ausentó de la audiencia convocada. El gremio advierte que, de continuar así, se dejará de producir acero plano en el país.
En paralelo, en Villa Constitución, la contratista Gisi —que presta servicios en Acindar— retiró equipos sin previo aviso, dejando a sus trabajadores sin salario y en estado de incertidumbre total. La UOM denunció a Acindar como cómplice del vaciamiento, por haber contratado a Gisi y no brindar garantías laborales.
Acindar, por su parte, se desligó de responsabilidades, alegando que cumplió con sus pagos y que la contratista incumplió. La planta operó al 50% de su capacidad durante todo 2024, y mantiene un esquema de suspensiones con el 75% del salario hasta diciembre, complementado por retiros voluntarios.
El parate de la obra pública, la caída de la demanda privada y el avance de las importaciones chinas —que crecieron un 100%— explican parte del colapso. La Cámara Argentina del Acero informó que la producción cayó un 26,5% interanual, afectando no solo a las grandes plantas, sino a todo el ecosistema económico regional.
La crisis golpea a contratistas, cooperativas, comercios y talleres barriales. En Ramallo y San Nicolás, se estima que más de 7.000 trabajadores directos e indirectos podrían quedar sin empleo si no se revierte la situación. El impacto social ya se siente en los barrios, con familias que dependen exclusivamente de estos ingresos.
Tenaris también comenzó a enviar cartas documento anticipando la finalización de contratos. La desindustrialización avanza silenciosamente, mientras el Gobierno nacional no ofrece respuestas concretas para sostener el empleo y la producción.
La resistencia obrera se organiza en asambleas y guardias sindicales, pero el panorama es desolador. La crisis del acero se convierte en símbolo de un modelo económico que abandona el trabajo como eje de desarrollo.
Redacción Diario Inclusión