La llegada del primer buque con vehículos eléctricos de la marca china BYD al país fue el disparador de una nueva discusión pública sobre el futuro de la industria automotriz local. Más allá del interés comercial del desembarco, el debate se centró en cómo afecta la apertura de importaciones a la producción nacional.
En este contexto, Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, generó controversia con un comentario en redes sociales en el que afirmó que los autos producidos en Argentina “parecen los de Los Picapiedras” cuando se los compara con los vehículos eléctricos que ingresan desde China. Para él, esta diferencia tecnológica debería celebrarse como una oportunidad.
Sturzenegger defendió la apertura comercial argumentando que los autos eléctricos importados ofrecen mayor tecnología y seguridad vial, y que su llegada podría favorecer la reducción de accidentes en rutas, además de introducir innovaciones que aún no se producen localmente.
La frase del ministro no tardó en recibir respuesta de sectores críticos, entre ellos el diputado Miguel Ángel Pichetto, quien advirtió que permitir la entrada sin restricciones de automóviles subsidiados desde China puede poner en riesgo el empleo y la producción nacional si no hay condiciones claras de competitividad. Asimismo, mencionó la posibilidad de prácticas de dumping (ventas por debajo de costo) que perjudicarían a las terminales locales. «No es contra el progreso ni contra los autos eléctricos, es a favor del Capitalismo Nacional. Abrir el mercado sin condiciones a una potencia que no juega con reglas claras no es bonanza, es entrega. Trump lo entendió hace rato: el interés nacional está por encima de cualquier metáfora», respondió horas más tarde Pichetto, quien añadió que «ningún país serio permite que una potencia extranjera destruya su industria con precios de dumping. El Gobierno habla de Occidente y de Trump, pero le abre la puerta al principal enemigo comercial de Washington. Coherencia y defensa del trabajo argentino, de eso se trata el debate», manifestó Pichetto.
El cupo actual de importación para autos electrificados en Argentina es de 50.000 unidades anuales durante cinco años, con condiciones de precio límite para fomentar la llegada de modelos accesibles. En la reciente convocatoria para 2026, las automotrices y las importadoras manifestaron una demanda muy superior al cupo disponible, lo que refleja el interés por introducir estos vehículos en el mercado argentino.
Por su parte, la industria automotriz local sostiene que, si bien existen modelos con tecnología competitiva (como pick-ups y vehículos híbridos livianos fabricados en el país), se requieren cambios normativos para incentivar inversiones en electrificación y actualizar las reglas de importación para equilibrar la competencia.
El debate refleja tensiones más amplias sobre política comercial, empleo y el rumbo de la industria automotriz en Argentina, en un momento en que la apertura de importaciones convive con reclamos de sectores productivos que buscan protecciones o incentivos para sostener sus operaciones.
✍️ Redacción Diario Inclusión










