Durante la jornada de hoy, la política salteña volvió a quedar envuelta en una fuerte polémica tras conocerse por medio del elintra.com.ar que la senadora nacional Flavia Royón mantiene en su equipo del Senado a al menos cinco asesores directamente vinculados al ex senador Sergio “Oso” Leavy. El dato, lejos de ser una simple decisión administrativa, alimentó versiones de un acuerdo político oculto entre el espacio de Leavy y el oficialismo provincial que encabeza el gobernador Gustavo Sáenz.
Durante años, Leavy se mostró como un voz crítica del saenzismo, construyendo un discurso opositor que apelaba a diferencias ideológicas claras. Sin embargo, la composición del equipo de la flamante senadora parece contar otra historia: nombres repetidos, estructuras heredadas y acuerdos que, para muchos, evidencian una negociación previa destinada a conservar cuotas de poder más que a sostener convicciones políticas.
La situación genera especial ruido en el caso de Royón, a quien incluso sus críticos reconocían como uno de los perfiles técnicos más sólidos de la política salteña. Esa imagen comenzó a resquebrajarse cuando trascendió que casi la mitad de su equipo en el Senado responde al armado político de Leavy, dejando al descubierto un entramado que va más allá de lo institucional y se interna en pactos políticos y laborales difíciles de explicar ante la ciudadanía.

Desde distintos sectores del peronismo y del electorado en general, las críticas apuntan a la contradicción entre el discurso público y las prácticas reales. La supuesta candidatura de Leavy en el plano nacional, es leída por muchos como una maniobra para restar votos a otros espacios opositores, como al representado por Juan Manuel Urtubey, fragmentando así al electorado peronista y hoy parece encajar en una estrategia más amplia de acuerdos cruzados con el oficialismo provincial.
La presencia de asesores históricos ligados también a otros sectores del poder, como el romerismo, profundiza las sospechas sobre un armado que prioriza la conveniencia política antes que un proyecto claro para la provincia. En ese contexto, crece la percepción de que las diferencias ideológicas que se exhiben en campaña se diluyen rápidamente puertas adentro, cuando se trata de sostener cargos, estructuras y beneficios.
El debate ya no gira solo en torno a nombres o designaciones, sino a una cuestión de fondo: la coherencia política. Para muchos salteños, estos movimientos refuerzan la idea de que la oposición y el oficialismo negocian en silencio mientras sostienen relatos enfrentados de cara a la sociedad. Una dinámica que erosiona la confianza pública y deja en segundo plano las necesidades reales de la provincia.

Redacción Diario Inclusión








