El reciente anuncio oficial que elimina las retenciones para los granos hasta el 31 de octubre o hasta que se alcancen los US$ 7.000 millones en Declaraciones Juradas de Venta al Exterior (DJVE), despertó un intenso debate entre productores agropecuarios. Si bien el alivio fue inmediato, dirigentes del sector lo califican como una medida de emergencia más que una solución de fondo.
Marcos Pereda, vicepresidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), afirmó en diálogo con Radio Rivadavia que “la medida no fue por nosotros, fue por ellos”, en alusión al Gobierno, indicando que el anuncio tiene más que ver con una urgencia macroeconómica que con un reconocimiento real al productor.
Testimonio de Pereda: lo que reclama el campo
Algunas de las frases más relevantes de Pereda:
●“Nos están dando una zanahoria que nos van a quitar y deja un sabor amargo”. Con ello expresa que, aunque la medida genera un alivio, los productores sienten que podría revertirse, y que ese vaivén genera incertidumbre.
●Respecto al cambio futuro, alertó: “No va a ser grato para el productor agropecuario pasar de cobrar 360 a 300 dólares de nuevo”, anticipando la angustia que se produciría si las retenciones regresan.
●Reconoce que la medida fue sorpresiva: “Son medidas que buscan ser sorpresivas para impactar en los mercados, y se logró.” Pereda subraya la estrategia política de anunciar en el momento justo para generar efecto inmediato.
●Advierte también que quienes vendieron sus granos justo antes de la medida no se van a beneficiar porque no estaban contemplados en ese “premio” fiscal: “Es injusto pensar en que todos los que vendieron antes no se beneficiaron por una cuestión de días.”
Lo que pide el sector: más que un alivio temporal
Pereda, y otros referentes rurales, enfatizan que lo que necesita el agro es claridad y previsibilidad. Algunas de las exigencias:
Una hoja de ruta concreta que señale cómo y cuándo las retenciones irán disminuyendo hasta llegar idealmente a cero.
Que las medidas no sean solo “ventanas temporales” sujetas a aperturas y cierres arbitrarios. Pereda menciona que cuando se trabaja con plazos cortos, los resultados suelen ser parciales y muchas veces no llegan al productor.
Razonabilidad en los precios de insumos, y un tipo de cambio que no esté “aplastado”, ya que numerosos insumos agrícolas son importados. Pereda advierte que ese desajuste le quita sostenibilidad a la producción si los costos siguen en alza mientras los precios de venta no acompañan.
Mejora en los márgenes para los productores con campos arrendados, quienes —señala— están soportando pérdidas en muchos casos, debido al costo del alquiler, los insumos y la baja de precios internacionales frente al año anterior.
Evaluación crítica: efectos, impactos y riesgos
Aunque la medida fue bien recibida, Pereda advierte sobre varios riesgos:
●Que al alcanzar el límite de los US$ 7.000 millones en exportaciones, el beneficio desaparezca de golpe, lo que podría generar una congestión de ventas antes de ese tope.
●Que los mercados ya estén reaccionando: se informó una suba cercana al 25 % en los precios “por expectativa”. Esto puede implicar volatilidad, tanto para los productores como para los compradores.
●Que los productores que no puedan esperar (por necesidad de liquidez, compromisos financieros o comerciales) queden excluidos del beneficio, especialmente si ya vendieron sus granos antes de la entrada en vigencia de esta medida.
Conclusión
El anuncio del Gobierno caló hondo en el agro: hay alivio, sí, pero preocupación. Mientras productores aplauden la baja de retenciones, sienten que la medida es más reactiva que planificada, más electoral que estructural. El testimonio de Pereda refleja ese doble sentimiento: satisfacción por el alivio, pero exigencia firme por cambios de fondo. En este escenario, la pregunta que el campo repite es si esta medida podrá convertirse en política de Estado, con previsibilidad, continuidad y sin sorpresas.
Redacción: Diario Inclusión.










