Un día como hoy, el 3 de enero de 1941, nacía en la provincia de Salta Daniel Salvador Toro, una de las figuras más profundas y sensibles del folclore argentino. En este nuevo aniversario de su nacimiento, el cielo parece estar de fiesta, porque su legado artístico continúa iluminando la cultura popular, aun cuando su voz física se apagó en 2019.
Daniel Toro no fue un cantor más. Fue un creador capaz de transformar sentimientos íntimos en canciones universales, de ponerle palabras al amor, al desarraigo, a la memoria y a la lucha de los pueblos. Su obra trascendió épocas y modas, consolidándose como una referencia ineludible del folclore nacional.
Entre sus composiciones más emblemáticas se encuentran Zamba para olvidarte, El antigal, Mi mariposa triste, Cuando tenga la tierra y Viejo río, canciones que fueron interpretadas por innumerables artistas y que hoy forman parte del patrimonio cultural argentino. En cada una de ellas, Toro dejó una mirada profundamente humana, con una poesía sencilla pero cargada de sentido.
La vida de Daniel Toro estuvo marcada por el talento, pero también por la adversidad. A comienzos de la década del ’70, una grave afección en las cuerdas vocales lo obligó a alejarse de los escenarios, truncando una carrera interpretativa que prometía aún más. Sin embargo, el silencio no fue un final: fue una transformación. Desde ese lugar, continuó componiendo y escribiendo, entregándole sus canciones a otros intérpretes que ayudaron a multiplicar su obra.
Lejos de rendirse, Toro convirtió el dolor en arte y la ausencia en presencia. Su figura creció con el tiempo, y su nombre se volvió sinónimo de honestidad artística, compromiso social y amor por la identidad del norte argentino. Sus canciones no sólo hablan de sentimientos personales, sino también de la tierra, de los trabajadores, de los olvidados y de la esperanza de un país más justo.
A lo largo de los años, Daniel Toro recibió numerosos reconocimientos, aunque el mayor homenaje siempre vino del pueblo, que lo abrazó a través de sus canciones y lo mantuvo vivo en peñas, festivales, escuelas y reuniones familiares.
Hoy, en el aniversario de su nacimiento, Salta lo recuerda con orgullo y emoción. El folclore argentino le debe páginas fundamentales de su historia y una sensibilidad que sigue conmoviendo. Porque los artistas verdaderos no se van: permanecen en la memoria colectiva, en cada guitarra que suena y en cada voz que vuelve a cantar sus versos.
Redacción: Diario Inclusión.










