La causa de los cuadernos, que durante años fue presentada como el emblema de la lucha contra la corrupción, atraviesa un momento crítico. El juez federal Marcelo Martínez de Giorgi procesó al expolicía Jorge Bacigalupo por adulterar físicamente los cuadernos atribuidos a Oscar Centeno, el exchofer de Roberto Baratta. Los peritajes caligráficos y lingüísticos concluyeron que hubo intervenciones de terceros en los escritos, lo que pone en duda su valor probatorio.
Los estudios realizados por la Gendarmería y la UBA detectaron reemplazos de nombres, correcciones de domicilios y agregados posteriores. Por ejemplo, se sustituyó “Marcelo” por “Armando” y se insertó el rótulo “Ing. Ferreyra” en anotaciones de 2008. Estas modificaciones habrían favorecido a ciertos empresarios y perjudicado a otros, como el petrolero Armando Loson.
Además, los peritos determinaron que no existe método científico para establecer la antigüedad absoluta de las grafías. Esto significa que los textos podrían haber sido escritos tiempo después de los hechos que relatan. De hecho, se observó que los registros de 2008-2009 tienen un lenguaje cotidiano, mientras que los de 2013-2015 presentan una estructura más elaborada, lo que sugiere edición o intervención externa.
El juez reconoció que los cuadernos fueron manipulados con fines judiciales, lo que dinamita la narrativa de que Centeno anotaba en tiempo real lo que presenciaba. Esta admisión judicial habilita a los imputados a impugnar la fiabilidad de los cuadernos como prueba, solicitando que se los considere evidencia contaminada o de valor degradado.
La resolución también encuadra la conducta de Bacigalupo como encubrimiento y falsificación de documento público. Las intervenciones fueron selectivas y se concentraron en nombres y direcciones clave, lo que refuerza la hipótesis de una manipulación orientada a construir imputaciones específicas.
Este giro en la causa plantea un dilema para el Poder Judicial: ¿puede sostenerse un megajuicio oral con 87 imputados sobre una prueba que ha sido reconocida como manipulada? La respuesta aún está en construcción, pero el impacto político y jurídico ya se siente.
✍️ Redacción Diario Inclusión










