En un país atravesado por la recesión, el derrumbe del consumo, la pérdida acelerada del poder adquisitivo y el cierre de miles de comercios, el presidente Javier Milei decidió ofrecer una postal que indignó a buena parte de la sociedad: de fiesta, sonriente y cantando en el Festival Nacional de Doma y Folclore de Jesús María junto al Chaqueño Palavecino.
No se trató de una presencia protocolar ni de un gesto institucional. Milei subió al escenario, compartió canciones y se mostró distendido, como si la Argentina no estuviera atravesando una de las crisis sociales más profundas de las últimas décadas. La imagen se viralizó rápidamente y encendió una ola de críticas por la falta de sensibilidad del mandatario frente al sufrimiento cotidiano de millones de argentinos.
El contraste brutal: ajuste para el pueblo, festejo para el poder
La escena no es inocente ni menor. El mismo Presidente que exige “sacrificio”, que justifica despidos masivos, licuación de jubilaciones, recortes en salud, educación y ciencia, eligió mostrarse celebrando en un festival popular mientras gran parte de la población apenas puede cubrir sus necesidades básicas.
Mientras los jubilados cobran haberes de miseria, los trabajadores pierden contra la inflación y los comedores comunitarios desbordan, Milei canta. Mientras se paraliza la obra pública, se eliminan programas sociales y se profundiza la recesión, el Presidente brinda y sonríe ante el aplauso del público.
El mensaje político es claro y contundente: hay un país que ajusta y otro que festeja.
Indiferencia y provocación como forma de gobierno
Lejos de transmitir empatía o preocupación, la actitud de Milei fue leída por amplios sectores como una provocación directa. En lugar de mostrarse trabajando para contener una crisis que se agrava semana a semana, el Presidente eligió el escenario, la ovación y el espectáculo.
Desde distintos espacios políticos y sociales remarcaron que no se trata de cuestionar la música o el folclore, sino la oportunidad y el contexto. “No es el problema que cante, es que gobierna como si no hubiera consecuencias”, señalan las críticas, que apuntan a una gestión más preocupada por el impacto mediático que por la realidad social.
Una postal que resume una gestión desconectada
La imagen de Javier Milei cantando en Jesús María no es solo una anécdota: es un símbolo. Resume una forma de ejercer el poder marcada por la desconexión, la indiferencia y el desprecio por el drama cotidiano de millones de argentinos.
Mientras el país se hunde en la incertidumbre, el Presidente canta. Y esa postal, cada vez más repetida, deja al descubierto una verdad incómoda: el ajuste es para la gente, la fiesta es para el poder.
Redacción: Diario Inclusión.










