La corbeta ARA Robinson de la Armada Argentina zarpó ayer desde el puerto de Comodoro Rivadavia con equipos rusos de rastreo subacuático hacia la zona de búsqueda del submarino desaparecido el 15 de este mes en el Atlántico Sur.

A bordo viajan marinos y buzos rusos que junto con un vehículo robótico habían llegado el viernes pasado en el avión de carga ruso Antonov An-124, así como víveres y otros productos para la supervivencia en alta mar. El vocero de la Armada argentina, capitán de navío Enrique Balbi, informó en el parte oficial que brinda cada día que no había novedades en la búsqueda del submarino perdido. «Son horas críticas, en 13 días de búsqueda no hemos podido localizar al submarino por eso son horas de mucha incertidumbre, y la situación es incierta», aseguró. Dijo ayer que «todavía está demorado el arribo del (buque) Sophie Siem con el minisubmarino de Estados Unidos» que se integrará al operativo y que, dado que «la meteorología no es tan buena», se prevé que llegue al área de operaciones «hoy por la noche, o mañana a la mañana». Plazo que se cumple hoy. En la tarde de ayer circuló un mensaje apócrifo redactado como si fuese originado por la Armada dando cuenta del hallazgo del submarino a 1.050 metros. El texto del radiograma contenía términos que no son propios de la comunicación naval aunque la usina que lo produjo intentó copiar el formato oficial. Balbi ayer afirmó que la Armada «no filtró» el documento interno dado a publicidad el lunes por la noche sobre la última comunicación del comandante del submarino ARA San Juan, ya que implicaría «vulnerar una ley que hace a la confidencialidad». En rigor, ese mensaje no es del comandante del San Juan sino un reporte (Sitrep, acrónimo inglés de Situation Report) que hace el comandante de la Fuerza de Submarinos, capitán de navío Claudio Villamide, a su superior directo el comandante de Alistamiento y Adiestramiento, contralmirante Luis López Mazzeo, sobre el principio de incendio en las baterías (de proa) y la condición del submarino (navegando con baterías de popa).
Van 14 días desde la última comunicación del submarino, cuando señaló su ubicación a 432 kilómetros de la costa a la altura del Golfo de San Jorge (sureste).
La última posición conocida se encuentra en el límite de la plataforma continental argentina, donde el lecho marino se inclina de manera muy pronunciada, en lo que se conoce como talud, hasta una profundidad de 3.000 metros.
Si la meteorología es favorable, se estima que la corbeta Robinson puede arribar al teatro de operaciones de búsqueda mañana por la tarde. Y así poder desplegar el vehículo robot de exploración subacuático de la Marina rusa. Los rescatistas ofrecidos por el Gobierno de Vladímir Putin están al mando del capitán de navío Serguéi Bashmakov, jefe de la 328.ª unidad expedicionaria de búsqueda y rescate de la Armada rusa. Expertise no falta, el grupo liderado por el capitán Bashmakov más un equipo holandés reflotó de las profundidades el submarino nuclear Kursk (2001), que sufrió la explosión de dos torpedos y quedó posado en el fondo del mar de Barents.
El resto del equipo que vino en el avión Antonov, un batiscafo denominado Pantera Plus, será estibado en la cubierta del aviso ARA Islas Malvinas.
Este remolcador de altura junto a otros tres gemelos, ARA Bahía Agradable, ARA Puerto Argentino y ARA Estrecho de San Carlos, fue adquirido a la Federación Rusa en 2014. Eran buques de soporte logístico que pertenecían a Artikmor Neftegaz Razvedka, una empresa de exploración de petróleo y gas de la Federación Rusa.
Antilogías de la política criolla, a su arribo al país fueron criticados señalándolos de obsoletos y antieconómicos; hoy son un apoyo central en el rescate del San Juan.
La dotación del ARA Islas Malvinas junto a los tripulantes y buzos rusos trabajan contra reloj para condicionar el minisub Pantera Plus, cuya capacidad de inmersión alcanza los 1.000 metros. Se opera de manera remota, posee un sonar que «mapea» el fondo marino. Además cuenta con dos brazos mecánicos que conectan mangueras de ventilación y suministran aire a alta presión, puede pasar víveres y medicamentos a través de los tubos de torpedo del submarino siniestrado.
La cooperación rusa se completará con el arribo del buque oceanográfico Yantar, que trae dos dispositivos tripulados para explorar el fondo del mar hasta los 6.000 metros, más un grupo de buzos entrenados para inmersión de gran profundidad.








