La crisis económica continúa impactando de lleno en el entramado productivo salteño. En los últimos meses, al menos mil pequeñas y medianas empresas debieron cerrar sus puertas en la provincia como consecuencia directa de la fuerte retracción del consumo, una situación que enciende luces de alarma sobre el presente y el futuro del sector.
La preocupante cifra fue confirmada por el secretario de la cámara local que agrupa a las pymes, quien sostuvo que la caída sostenida de las ventas volvió inviable la continuidad de numerosos emprendimientos, especialmente aquellos vinculados al comercio y los servicios. “El consumo no repunta y los costos fijos siguen aumentando, lo que hace imposible sostener la actividad”, señaló.
Además del cierre de empresas, desde la entidad advirtieron sobre un fenómeno que crece en silencio: muchos emprendedores se ven obligados a pasar a la informalidad como única alternativa para subsistir. Esta situación no solo precariza el trabajo, sino que también debilita la recaudación y profundiza la crisis del sector formal.
Desde la cámara reclamaron políticas públicas urgentes que contemplen la realidad de las pymes, con medidas de alivio fiscal, acceso al crédito y estímulos al consumo. Advirtieron que, de no revertirse la tendencia, el impacto social y laboral podría agravarse en los próximos meses.
El cierre masivo de pymes no solo implica la pérdida de fuentes de trabajo, sino también el debilitamiento del tejido productivo local, históricamente sostenido por pequeños y medianos emprendimientos que hoy luchan por sobrevivir en un contexto económico cada vez más adverso.
Redacción Diario Inclusión










