Los alimentos que se presentan como “saludables” en góndolas y publicidades no siempre lo son. Organismos como el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) y la Academia de Nutrición y Dietética alertan que muchos de estos productos esconden cantidades preocupantes de azúcar, sal y grasas saturadas, lo que incrementa el riesgo de enfermedades crónicas.

La lista incluye barras energéticas, yogures saborizados, panes “integrales” y granolas comerciales, todos promocionados como opciones sanas pero que, en realidad, pueden contribuir al aumento de obesidad y diabetes, especialmente en América Latina y España.
Según el NHS, la confusión surge por estrategias de mercadeo y la falta de información clara en las etiquetas. Diferenciar entre azúcares añadidos —como jarabe de maíz o dextrosa— y los naturales de frutas frescas es clave para entender el verdadero impacto nutricional.
Las barras de cereal, por ejemplo, suelen presentarse como colaciones prácticas, pero la Academia de Nutrición y Dietética advierte que contienen grandes cantidades de azúcar y grasa, con bajo aporte de fibra. Algo similar ocurre con los yogures saborizados, que incluyen azúcar adicional y toppings que elevan las calorías.

La granola, otro producto considerado “fit”, puede aportar entre 343 y 597 calorías por cada 100 gramos, superando las recomendaciones diarias de azúcar y grasa incluso en adultos.
La fruta deshidratada también concentra el azúcar: 160 gramos de higos secos contienen más de 70 gramos de azúcar, frente a los 20 gramos de dos higos frescos.
Los jugos envasados y batidos industriales, recomendados a menudo para niños y deportistas, son otro vehículo de azúcar oculta. Incluso los etiquetados como “100% fruta” carecen de la fibra de la fruta entera y aportan una carga calórica elevada.
Las bebidas deportivas y energéticas, diseñadas para actividad física intensa, contienen grandes cantidades de azúcar y, en el caso de las energéticas, cafeína. Los especialistas recomiendan priorizar el agua, salvo en ejercicios prolongados.
El NHS advierte que panes y productos horneados vendidos como “integrales” o “light” pueden aportar más azúcar que fibra. Los clásicos sándwiches de pan blanco con jamón y queso concentran grasas saturadas y sal añadida, aumentando el riesgo cardiovascular.
En el rubro de postres y lácteos enteros, helados y yogures con crema o azúcares añadidos deberían limitarse, especialmente en niños, por su alto contenido de grasa y calorías.
Snacks como galletas integrales industriales, palitos salados o tortitas de arroz cubiertas también contienen cantidades relevantes de sal y grasa. Incluso las ensaladas pueden transformarse en fuentes de grasas saturadas si se acompañan de aderezos cremosos.
Más allá de estos productos, los ultraprocesados suelen incluir conservantes. Un estudio publicado en The BMJ encontró una asociación estadística entre el consumo elevado de aditivos como sorbato de potasio (E202) y nitrito de sodio (E250) con mayor riesgo de cáncer de mama, próstata y diabetes tipo 2.
Las consecuencias de consumir estos alimentos en exceso abarcan desde sobrepeso y obesidad hasta enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer. Bebidas azucaradas, panes industriales y embutidos figuran entre los más señalados por su vínculo con patologías crónicas.
Para disminuir los riesgos, los organismos recomiendan reemplazar ultraprocesados por alimentos frescos, elegir versiones bajas en azúcar y grasa, controlar las porciones y revisar las etiquetas nutricionales.

El NHS sugiere además el uso de aplicaciones para escanear códigos de barras y guías alimentarias oficiales como apoyo para planificar la dieta diaria. Los expertos insisten en que la moderación y la elección de opciones más naturales son fundamentales.
Frente a la incertidumbre regulatoria y los debates científicos sobre conservantes y aditivos, priorizar alimentos frescos y preparados al momento sigue siendo la estrategia más segura para cuidar la salud.
Redacción Diario Inclusión ✍️










