Para miles de familias del Área Metropolitana de Buenos Aires, Alparamis es sinónimo de Navidad: árboles, adornos, juguetes, una casa de té y una escenografía que convierte la compra en un paseo familiar. Sin embargo, detrás de esa imagen cálida y festiva se estructura un entramado empresarial mucho más amplio y poderoso, que poco tiene que ver con pinos y guirnaldas.
Los propietarios de Alparamis, la familia Götz, figuran entre las 30 mayores fortunas del país, con un patrimonio estimado en más de 1.050 millones de dólares, según el ranking Forbes. Pero la mayor parte de esa riqueza no proviene del negocio navideño, sino del sector energético y petrolero.
El origen: de Formosa a Olivos
La historia comienza en 1983, cuando Enrique Götz adquirió unas 20.000 hectáreas en Formosa, en la estancia El Bagual. Allí desarrolló actividades ganaderas, forestales y un vivero, con un enfoque productivo que luego daría origen a la venta de plantas y flores.
En 1988, la familia abrió su primer local en Avenida del Libertador, Olivos, y constituyó formalmente Alparamis S.A., sociedad integrada por Enrique Götz y sus hijos mayores. El nombre de la empresa surge de las iniciales de los cinco hermanos: Alejandro, Pablo, Rafael, Miguel y Sebastián.
La “aldea navideña” como negocio
A fines de los años 80, casi de manera accidental, Alparamis comenzó a reconvertirse. La venta de pinos naturales y adornos navideños empezó a desplazar al vivero tradicional. Para 1990, la Navidad ya dominaba el local y las plantas representaban apenas el 20% del negocio.
El modelo fue un éxito: más de 120.000 visitantes por año, espectáculos gratuitos para niños, casa de té y un formato que combinaba consumo con experiencia. En 1994 la empresa facturaba 4 millones de dólares anuales, cifra que superó los 7 millones en 1997, con una red de hasta diez locales entre permanentes y temporales.
La crisis y el achicamiento
El estallido económico de 2001 frenó la expansión. Alparamis redujo sucursales, dejó de importar buena parte de sus productos y concentró su actividad en la producción local. Hoy mantiene apenas cuatro locales operativos, con una facturación altamente estacional: el 50% de las ventas anuales se concentra entre octubre y diciembre.
Pese a su visibilidad pública, Alparamis nunca fue el principal negocio de la familia.
El verdadero corazón del imperio: petróleo y energía
La base de la fortuna de los Götz está en CAPSA (Compañías Asociadas Petroleras S.A.) y CAPEX, empresas dedicadas a la exploración y producción de hidrocarburos. El grupo ingresó al negocio petrolero en 1977, cuando adquirió el yacimiento Diadema, en Chubut, a Shell.
Con el paso de los años, y especialmente a partir de 2017, el holding inició una agresiva expansión: compra de áreas a Chevron y Enap Sipetrol, nuevas concesiones en Chubut, Neuquén y Río Negro, plantas de gas, generación eléctrica y parques eólicos.
Actualmente, CAPEX cotiza en bolsa y está valuada en más de 1.000 millones de dólares, explicando por sí sola la presencia de la familia Götz en el ranking Forbes. Entre CAPSA y CAPEX controlan cerca del 3% del petróleo convencional y no convencional que se produce en la Argentina, con fuerte presencia en el Golfo San Jorge.
Bajo perfil, alto poder
A diferencia de otros grupos económicos, los Götz mantienen un perfil público extremadamente bajo. No conceden entrevistas frecuentes, no exponen a sus directivos y rara vez aparecen en debates empresariales o políticos, pese a manejar activos estratégicos del sector energético.
Así, mientras Alparamis sigue funcionando como una vidriera amable y familiar, el verdadero negocio del grupo opera lejos de los adornos, en yacimientos, concesiones y balances millonarios.
Redacción: Diario Inclusión.










