En los años 70, Roberto Goldfarb comenzó vendiendo madera y muebles, pero la mala fortuna lo golpeó dos veces con la quiebra. En medio de la adversidad, llegó incluso a casarse sin poder comprar zapatos nuevos y a mudarse a un departamento vacío, donde no tenía ni una mesa para comer. Sin embargo, lejos de rendirse, perseveró hasta dar vida a un pequeño almacén en el barrio de Caballito, que más tarde se convertiría en Diarco, el autoservicio mayorista líder del país.
Los primeros años no fueron fáciles. El joven comerciante debió competir con gigantes como el Hogar Obrero, sufrió robos a mano armada y pasó noches de angustia sin saber si podría cubrir cheques diferidos. Pero con creatividad y estrategia —como vender más barato lo que sus competidores ponían en oferta o repartir volantes con caramelos para captar clientes— fue consolidando un negocio distinto.
En la década del 80, junto a Carlos Delgado, uno de sus primeros socios, transformó su almacén en un mayorista. La apuesta fue riesgosa: un local de apenas 300 m² en Villa Devoto que al inicio permanecía casi vacío. Con el tiempo, la tenacidad rindió frutos y Diarco comenzó a crecer rápidamente.
No obstante, la crisis de 1991 golpeó fuerte al sector. Goldfarb llegó a tener cinco sucursales, pero debió cerrar cuatro para salvar la compañía. “Aferrados a lo que tienen, muchos no se animan a soltar para sobrevivir. Yo aprendí de mis fracasos juveniles que a veces hay que achicar para poder seguir adelante”, recordó en una entrevista.
Hoy, más de 40 años después de aquel primer almacén, Diarco cuenta con 40 sucursales en todo el país, un centro logístico de 18.000 m², 1.800 empleados y vende 400.000 bultos diarios de 9.000 productos diferentes. La compañía forma parte del Grupo Goldfarb, que además de la cadena mayorista incluye la distribuidora Potigian, la alimenticia La Yoconda, la firma agropecuaria Sulagro y la desarrolladora inmobiliaria ZR Real Estate.
La profesionalización de la empresa, iniciada en 2002, marcó un punto de inflexión que permitió la expansión y la diversificación. Hoy, bajo la dirección ejecutiva de Javier Vilela, el grupo proyecta la apertura de nuevas sucursales y el lanzamiento de más de 30 productos alimenticios para reforzar su presencia en el mercado argentino.
La historia de Roberto y su familia es también la de la resiliencia. “Fundirse no es rendirse. Los tropiezos duelen, pero suman experiencias”, suele repetir. Su testimonio se transformó en una de las Historias que Inspiran, recordando que detrás de cada éxito empresarial suele haber años de sacrificio, incertidumbre y fe inquebrantable en un sueño.
Redacción: Diario Inclusión.