Cuando se habla de juicios contra grandes marcas, suele pensarse en corporaciones intocables y consumidores sin chances. Sin embargo, la historia judicial está llena de casos tan insólitos como reales, donde personas comunes lograron llevar a tribunales —y en algunos casos vencer— a empresas multimillonarias.
Uno de los antecedentes más emblemáticos es el famoso juicio de una abuela contra McDonald’s en Estados Unidos. En 1992, Stella Liebeck, de 79 años, sufrió quemaduras de tercer grado al derramarse un café excesivamente caliente mientras intentaba destaparlo en su auto. La empresa se negó inicialmente a cubrir los gastos médicos y el caso terminó en la Justicia. Durante el proceso se comprobó que McDonald’s servía el café a más de 90 grados por política interna y que ya existían cientos de denuncias similares. El fallo fue contundente: indemnización y daños punitivos, aunque luego el monto se redujo y se llegó a un acuerdo extrajudicial.
No todos los reclamos, sin embargo, prosperaron. En los años 90, un hombre demandó a Budweiser alegando que la cerveza no cumplía con lo prometido en sus publicidades: playas paradisíacas y mujeres en bikini. La Justicia desestimó la demanda por considerarla infundada, convirtiéndola en uno de los casos más recordados por lo absurdo del planteo.
Otro episodio llamativo ocurrió en 2006, cuando un ciudadano estadounidense aseguró ser confundido constantemente con Michael Jordan y decidió demandar tanto al exbasquetbolista como a Nike por los perjuicios que esa supuesta confusión le ocasionaba. El reclamo ascendía a más de 800 millones de dólares, pero fue retirado antes de llegar a sentencia.
El Mickey paraguayo que le ganó a Disney
Entre los casos más sorprendentes figura el del llamado “Mickey paraguayo”. Se trata de una empresa familiar fundada en 1935 en Paraguay, que utiliza un ratón prácticamente idéntico al famoso personaje de Disney como logotipo. En 1993, la multinacional estadounidense inició una demanda por violación de marca registrada. Sin embargo, los tribunales paraguayos fallaron a favor de la empresa local, argumentando que había registrado su marca décadas antes de que Disney accionara judicialmente. La Corte Suprema confirmó el fallo y el caso se convirtió en un emblema del derecho marcario en América Latina.
Casos argentinos: Tinelli, colores y promociones incumplidas
Argentina tampoco quedó al margen. Uno de los fallos más resonantes fue el del llamado “Tinelli mendocino”. Juan Tinelli intentó registrar su apellido para una marca de alimentos y fue impugnado por Marcelo Tinelli. Tras idas y vueltas judiciales, la Justicia determinó que el conductor no tenía exclusividad sobre el apellido y habilitó su uso comercial.
También hubo disputas por colores. En 2006, la empresa dueña de Milka intentó impedir que Chocolates Bariloche utilizara el color lila en sus envoltorios. El fallo fue claro: un color no puede ser monopolizado como marca, ya que los consumidores identifican los productos por el nombre y no solo por su tonalidad.
En Córdoba, un abogado demandó a una reconocida empresa láctea por una promoción que nunca pudo canjear. Tras años de litigio, la Justicia condenó a la firma por publicidad engañosa y daños al consumidor, aunque el caso aún sigue en instancia de apelación.
Hallazgos desagradables y condenas
El cierre de esta lista de juicios insólitos lo aporta un caso inquietante: un consumidor cordobés encontró un preservativo dentro de una botella de gaseosa. Tras una primera negativa judicial, la Cámara le dio la razón y condenó a la empresa embotelladora a pagar una indemnización por daños punitivos.
Estos episodios, tan increíbles como verídicos, revelan que detrás de cada producto hay responsabilidades legales y que, incluso frente a las marcas más poderosas, los consumidores pueden —y a veces logran— hacer valer sus derechos.
Redacción: Diario Inclusión.









