En Argentina existen más de 100 empresas dedicadas a la fabricación de galletitas, pero pocas generan tanta identificación popular como los bizcochitos de grasa. Consumidos en oficinas, hogares y rutas del país, se convirtieron en el acompañamiento infaltable del mate o el café con leche. En este universo, dos marcas dominan la escena: Don Satur y 9 de Oro, protagonistas de una rivalidad histórica dentro del mercado alimenticio.
Cada año, el negocio de galletitas y bizcochos mueve alrededor de 420 mil toneladas y cerca de mil millones de dólares, aunque solo cinco compañías concentran el 90% del mercado. Entre ellas destacan Molino Cañuelas, Bagley, Mondelez, Tía Maruca y Granix, varias con participación en el segmento bizcochil.
El origen del bizcochito argentino
El bizcochito de grasa tiene su raíz en la tradicional marca Canale, fundada por la familia del inmigrante italiano José Canale, quien llegó al país en 1860. Su hijo Amadeo sería luego señalado como el creador del bizcochito que, durante décadas, se vendió en lata.
Canale creció exponencialmente y llegó a instalar una enorme fábrica cerca del Parque Lezama. La compañía fue vendida en 1995 al grupo de la familia Macri y, posteriormente, en 1999 pasó a manos de Nabisco, que descontinuó esa histórica línea.
9 de Oro: tradición rosarina y fórmula particular
La marca 9 de Oro pertenece a Molino Cañuelas, una de las gigantes del sector alimenticio. La compañía adquirió en 1985 una molinera rosarina cuya planta incluía la marca ya creada. Desde entonces, 9 de Oro incorporó variantes como su versión clásica, agridulce, azucarada, light y de salvado.
Un dato llamativo es su composición: según sus etiquetas, utiliza óleo-margarina bovina y, además, esencia de grasa, un agregado destinado a potenciar el sabor característico.
Don Satur: del barrio de Liniers al país entero
Del otro lado del ring se encuentra Don Satur, nacida en 1956 cuando el inmigrante español Saturnino Martínez abrió una panadería en Liniers junto a sus hijos. La calidad de sus bizcochitos fue tal que en 1967 lanzaron una fábrica dedicada exclusivamente a ese producto.
Hoy ofrecen versiones tradicionales, dulces, light y con azúcar negra. A diferencia de 9 de Oro, Don Satur utiliza grasa bovina en su receta original, una diferencia que, para muchos consumidores, influye directamente en el sabor.
Un mercado que se reinventa
Ambas marcas diversificaron su catálogo con budines, pepas y magdalenas, para no depender exclusivamente de los bizcochitos. Sin embargo, en góndola aparece cada vez más competencia: Tía Maruca, Jorjito, Granix, Cachamay e incluso opciones «premium» o alternativas como los bizcochitos ahumados Tenflor.
Precio y preferencia: la disputa continúa
Aunque la diferencia no es grande, el precio inclina levemente la balanza: en promedio, cada 100 gramos de 9 de Oro cuestan más que los de Don Satur. En el gusto, la discusión está abierta: para algunos, Don Satur es sinónimo de mate; para otros, 9 de Oro se asocia al café con leche.
Lo cierto es que ambos forman parte del ritual cotidiano argentino y de una tradición que, más de un siglo después, sigue vigente en la mesa del país.
Redacción: Diario Inclusión.










