Durante las últimas dos décadas, las bebidas energizantes pasaron de ser un producto de nicho en gimnasios y boliches a convertirse en un negocio global que mueve miles de millones de latas por año. Detrás de ese fenómeno hay una historia que empieza mucho antes de Red Bull —la marca más conocida del mundo— y que también tuvo un capítulo fuerte en Argentina, donde a principios de los 2000 surgió una verdadera explosión de nuevas etiquetas.
Un origen inesperado en Asia
Si bien muchos asocian el inicio del segmento con la aparición de Red Bull en Austria, las primeras bebidas energizantes modernas surgieron en Asia. En 1976, el empresario tailandés Chaleo Yubidia lanzó “Krating Daeng”, una fórmula con taurina, cafeína, azúcar y vitaminas. Años más tarde, el especialista en marketing Dietrich Mateschitz probó el producto durante un viaje y quedó tan sorprendido por su efecto que convenció al creador de asociarse para llevarlo a Europa. Así nació Red Bull, que debutó oficialmente en 1987.
Desde entonces, la marca se convirtió en un ícono global y hoy vende cerca de 8.000 millones de latas al año. Sin embargo, su expansión mundial fue gradual: en Estados Unidos recién despegó en 1997 y llegó a Argentina en 2002.
Argentina: una “época dorada” llena de lanzamientos
El mercado argentino vivió un furor particular entre 2001 y 2011, cuando aparecieron alrededor de 10 marcas nuevas, casi una por año. La pionera fue Speed, que comenzó vendiéndose en gimnasios y rápidamente ganó presencia en boliches. Su origen, envuelto en cierto misterio empresarial, siempre estuvo vinculado al grupo Energy Group y a nombres como Walter Sant’Angelo y Víctor Stinfale.
A partir de allí, la categoría se expandió con fuerza:
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Red Bull llegó en 2002 y debió adaptar su fórmula por regulaciones locales.
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Black Fire, la apuesta inicial de Coca-Cola en 2001.
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Monster, hoy uno de los gigantes del sector, desembarcó en 2017 y se fabrica en el país.
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Rockstar, adquirida globalmente por PepsiCo en 2020, llegó al mercado argentino en 2021.
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Marcas locales como Rocket Fuel, Blue Demon, X4, Rad 60 y otras intentaron competir en un segmento que se hacía cada vez más exigente.
En total, se estima que en Argentina se venden alrededor de 180 millones de latas por año, un volumen importante aunque todavía pequeño frente a otras categorías de bebidas sin alcohol.
Una industria que se transformó
Durante los años iniciales, gran parte del consumo estaba asociado al ámbito nocturno y al popular “speed con vodka” en boliches. Con el tiempo, las críticas por la mezcla de energizantes y alcohol impulsaron a las marcas a buscar otros públicos: gamers, trabajadores con largas jornadas, estudiantes y consumidores diurnos.
Hoy el mercado se encuentra más concentrado: las grandes multinacionales dominan la oferta mientras que muchas marcas nacionales quedaron en el camino. Aun así, las energizantes siguen siendo un rubro dinámico, con lanzamientos, reformulaciones y estrategias de marketing cada vez más sofisticadas.
Redacción: Diario Inclusión.










