En 1986, Diego Armando Maradona alzó la Copa del Mundo en México vistiendo una camiseta celeste y blanca con un gallito en el pecho. Detrás de ese icónico uniforme estaba Le Coq Sportif, una marca que pocos conocían en Argentina hasta ese momento, pero que había atravesado una historia tan particular como el propio fútbol.
Todo comenzó en 1919, en la localidad francesa de Romilly-sous-Seine, donde Émile Camuset, dueño del bar Romillon, tuvo una idea sencilla pero visionaria: fabricar ropa deportiva para los atletas locales. En 1920 fundó su empresa junto a Auguste Bellemere, y en poco tiempo comenzaron a competir con las marcas inglesas, imponiéndose en París y luego en todo el país.
El nombre “Le Coq Sportif” (el gallo deportivo) apareció en los años 40, inspirado en el símbolo nacional francés: el gallo, gallus en latín, también vinculado a “Galia”. El primer logo mostraba un gallo cantando al amanecer, y fue Roland Camuset, hijo de Émile, quien diseñó la imagen que hoy es reconocida mundialmente.
Aunque su primer gran impacto fue en el ciclismo –proveyendo las camisetas amarillas del Tour de France en 1951–, Le Coq dio el salto al fútbol vistiendo al Olympique de Marsella y luego a la selección francesa en 1958. Pero su mayor hito llegaría en 1986, junto a Argentina.
La camiseta del 86 y los enredos con Adidas
En los mundiales del 74 y 78, Argentina era vestida por Adidas, bajo licencia de Gatic, la empresa de la familia Bachelier. Pero tras el Mundial 78, emergió una figura clave: el almirante Carlos Lacoste, parte de la dictadura argentina, que se convirtió en hombre fuerte del fútbol. Lacoste, que además era vicepresidente de la Conmebol y de la FIFA, presionó para que Le Coq Sportif, marca de la que tenía intereses ocultos, se convirtiera en el nuevo sponsor de la AFA.
En 1982 se firmó el contrato: Le Coq vestiría a la selección por 72 mil dólares anuales. Y así, en México 86, la camiseta del campeón fue francesa… aunque tras bambalinas el control seguía en manos de Horst Dassler, heredero de Adidas, que también tenía negocios cruzados con Le Coq, incluso sin que su familia lo supiera.
Dassler murió repentinamente en 1987 y Le Coq quedó en un limbo. Pasó por varias manos, incluyendo la del polémico empresario francés Bernard Tapie, hasta que finalmente fue adquirida por el fondo suizo Airesis, que intentó relanzarla apelando a la nostalgia.
Regreso al origen… y al futuro
Para reconectar con su legado, Airesis reabrió en 2005 la vieja fábrica de Romilly-sous-Seine, cerrada desde 1988, con el aval de Josette Camuset, viuda del heredero de la marca. En paralelo, recuperó presencia en eventos clave como los Juegos Olímpicos de París 2024, donde volverá a vestir a la delegación francesa tras más de 50 años.
En Argentina, tras la quiebra de Gatic en 2005, la licencia de Le Coq pasó a diferentes empresas nacionales y hoy está en manos de IDEA Argentina, que también maneja Converse. Aunque ya no es sponsor de la selección, la marca supo aprovechar el recuerdo emocional de los campeones del 86 con líneas homenaje que siguen siendo furor.
Le Coq Sportif es mucho más que una camiseta: es una historia de identidad, política, poder y deporte, con un capítulo imborrable en la memoria argentina. Y aunque hoy su presencia no sea tan fuerte como en los 80, su gallito sigue siendo sinónimo de gloria en el corazón de los hinchas.
Redacción: Diario Inclusión.










