En declaraciones recientes a medios locales, el gerente del Hospital Juan Domingo Perón de Tartagal, Dr. Pedro Urueña, salió a desmentir públicamente las denuncias por abandono de pacientes y falta de atención médica que se viralizaron en redes sociales.
Según el funcionario, durante el mes de enero el hospital atraviesa una merma en la atención debido a que “algunos profesionales se encuentran de licencia anual obligatoria” y otros con carpeta médica, lo que —admite— reduce la disponibilidad de turnos y recarga la guardia central.
Urueña explicó que, de acuerdo a estadísticas internas de enfermería, “casi el 70% de las consultas que llegan a la guardia deberían resolverse en consultorios externos”, situación que —según su visión— genera una sobrecarga innecesaria del servicio de emergencias.
Sin embargo, lejos de disipar las críticas, estas declaraciones terminan confirmando uno de los principales reclamos vecinales: la falta de médicos disponibles y la imposibilidad de acceder a atención ambulatoria, lo que empuja a los pacientes a recurrir a la guardia como único recurso.
Solo dos médicos por día y derivaciones de cinco hospitales
Uno de los puntos más sensibles surge cuando el propio gerente reconoce que la guardia funciona con apenas dos médicos por turno, incluso en horarios pico.
Entre las 19 y las 21 horas, franja que Urueña define como “horario crítico”, uno de esos profesionales debe abocarse exclusivamente a recibir derivaciones en ambulancia provenientes de cinco hospitales de complejidad menor, dejando a un solo médico para atender la demanda espontánea.

Esta situación, reconocida por la conducción del hospital, explica las largas esperas, la saturación visible en la guardia y las reiteradas denuncias de pacientes que aseguran haber pasado horas sin ser atendidos, tal como muestran videos y testimonios difundidos por vecinos de Tartagal y Mosconi.
Demoras estructurales: hasta 25 minutos por paciente
Lejos de tratarse de una falla ocasional, Urueña también admitió que el sistema informático SAFESA/ZAFESA, de carga obligatoria, genera demoras de entre 20 y 25 minutos por paciente, ya que el personal médico y de enfermería debe registrar diagnósticos, tratamientos y la trazabilidad de los medicamentos.
“Esto no es tan dinámico”, reconoció el gerente, al tiempo que explicó que algunos profesionales recurren al papel para “descomprimir” la atención, incluso enviando a pacientes a comprar medicamentos por su cuenta cuando el tiempo apremia.
Estas afirmaciones refuerzan lo que vecinos vienen denunciando desde hace meses: la atención no solo depende de la presencia de médicos, sino de un sistema burocrático que ralentiza la respuesta sanitaria en situaciones urgentes.
El caso del paciente fallecido: la negación del abandono
Uno de los ejes centrales de las declaraciones del gerente fue la muerte de un paciente cuya imagen se viralizó en redes sociales, acompañado de denuncias de “abandono total”.
Urueña negó categóricamente esa versión y detalló que el hombre ingresó al hospital a las 18 horas, presentando un cuadro séptico avanzado, gangrena y miasis, producto —según indicó— de una situación previa de extrema vulnerabilidad y vida en la calle.
El gerente sostuvo que el paciente fue atendido por enfermería, curado, registrado en el sistema, aislado y evaluado por traumatología, y que la gravedad del cuadro no se generó dentro del hospital.
No obstante, para familiares, vecinos y organizaciones sociales, el hecho de que un paciente en ese estado llegue a una guardia saturada y con recursos limitados expone una falla estructural del sistema, más allá de la discusión puntual sobre el momento exacto de la atención.
Lo que Urueña no desmiente: denuncias, imputaciones y guardias vacías
Más allá de los intentos de aclaración, el gerente no respondió sobre hechos concretos que siguen sin explicación pública, entre ellos:
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Videos que muestran guardias sin médicos presentes, difundidos por vecinos en distintos horarios.
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Denuncias reiteradas por falta de profesionales, especialmente durante noches y fines de semana.
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La causa judicial por la muerte de un adolescente de 17 años, que derivó en la imputación de cuatro médicos del hospital por presunta mala praxis, tras un diagnóstico erróneo y una infección que derivó en shock séptico.
Estos antecedentes colocan a la institución en una situación crítica, donde las explicaciones administrativas chocan con una realidad social cada vez más expuesta.
Conclusión: una gestión que explica, pero no resuelve
Las declaraciones del Dr. Pedro Urueña, lejos de cerrar la polémica, terminan confirmando muchas de las falencias denunciadas por la comunidad: falta de médicos, guardias colapsadas, demoras excesivas y un sistema que funciona al límite.
Mientras la dirección del hospital pide “comprensión” a la población, los vecinos reclaman algo más básico: atención médica oportuna, presencia profesional constante y un sistema de salud que no dependa de licencias, horarios pico o planillas digitales para salvar vidas.
Redacción: Diario Inclusión.













