Nicole, creadora del emprendimiento Human Creative House, explicó que la alarma se encendió en 2025 durante una charla con su ahijada de diez años. La niña le contó sobre sus hobbies y ella se dio cuenta de que no tenía ninguno fuera del mundo digital. “Todo lo que hago es estar metida en el metaverso y, por fuera, mis capacidades creativas están completamente anuladas”, reflexionó.
La escritora asegura que su objetivo no es huir de la tecnología, sino ponerle límites. “Empecé a sentir que no hay vida real. Quiero pasar más tiempo en el mundo offline que en el online”, resumió. Su experimento despertó curiosidad entre familiares, amigos y seguidores, que la acompañan en este proceso de reconexión.
En su relato, Nicole reconoce que pasaba hasta ocho horas diarias frente a la pantalla, muchas veces sin darse cuenta. “Empezás a hacer reuniones desde el celular y de repente te das cuenta de que te consume por completo”, explicó. Esa dinámica la llevó a cuestionar la lógica productivista de las redes sociales, siempre enfocada en la “mejor versión”.
“Necesitamos ir en búsqueda de la mediocridad, al revés de lo que se vende”, sostuvo. Para ella, el mandato de perfección constante se convirtió en una trampa que agotaba su creatividad e identidad. “Estaba desconectada del mundo real, buscando validación en lo online”, confesó.
En junio de 2025 decidió dar un giro: se sumó como voluntaria en una fundación que acompaña a niños con cáncer y comenzó clases de canto y pintura. “Son espacios donde no toco el celular y estoy presente, explorando facetas que el resto del día no existen”, señaló.
El cambio más radical llegó en enero de 2026, cuando compró un celular básico. “Al principio pensaba que iba a ser un quilombo, pero el malestar pesaba más”, admitió. Desde entonces, estableció rutinas simples como usar un reloj despertador eléctrico y dejar el teléfono fuera de la habitación.
La desconexión también impactó en sus vínculos. Nicole notó que las conversaciones con amigas se habían vaciado porque ya estaban “al día” por redes sociales. En lo sexoafectivo, la hiperconexión borraba el misterio y la seducción: “Se crea una falsa intimidad antes de conocer realmente a alguien”, explicó.
Lejos de demonizar la tecnología, Nicole busca un uso consciente. “El teléfono es una herramienta y yo puedo ponerle límites. No se puede estar disponible para todo el mundo, a cualquier hora”, afirmó. Por eso, propuso encuentros cara a cara en lugar de chats infinitos.
En su equipo de trabajo estableció pautas claras: estará disponible por WhatsApp solo una hora a la mañana y otra a la tarde. El resto del tiempo, las comunicaciones se harán por llamadas o correo electrónico. “Es una danza entre lo analógico y lo digital”, definió.
Según Nicole, cuanto más tiempo pasa alejada del smartphone, mejor se siente. “Hay un disfrute por fuera de la pantalla. No es la única forma de existir en el mundo”, aseguró. Incluso reivindicó el aburrimiento como motor creativo: “Cuando me desintoxico de la dopamina fácil de las redes, aparece un vacío fértil para la creación”.
Su próximo proyecto será un club de lectura presencial con libros en papel, pensado como un espacio cultural sin celulares de por medio. “La vida es un proceso y eso se nos está olvidando”, concluyó.
✍️ Redacción Diario Inclusión








