En un movimiento estratégico que redefine el tablero de la conectividad global, Rusia anunció el lanzamiento de su propio servicio de Internet satelital para competir directamente con Starlink, la red de SpaceX liderada por Elon Musk. El plan, bautizado como Proyecto Rassvet, forma parte de una ambiciosa iniciativa estatal para lograr soberanía tecnológica en comunicaciones orbitales.
La constelación rusa será desarrollada por la empresa Bureau 1440, con el respaldo de la agencia espacial Roscosmos. Se prevé el despliegue de 292 satélites en órbita terrestre baja para 2030, con una inversión estimada de 445 mil millones de rublos (unos USD 4.800 millones). El servicio comercial comenzaría en 2027, tras pruebas exitosas de transmisión láser entre satélites a velocidades de hasta 10 Gbps.
El anuncio se produce en un contexto de alta tensión geopolítica, donde el control de las comunicaciones satelitales se ha convertido en un activo estratégico. Starlink ha sido clave para las fuerzas ucranianas en el conflicto con Rusia, lo que motivó al Kremlin a acelerar su propia infraestructura digital independiente.
El nuevo jefe de Roscosmos, Dmitry Bakanov, reconoció que Rusia debe superar la “inercia” del pasado y atraer talento joven para competir con el dominio de SpaceX. Su nombramiento en febrero de 2025 marcó un giro tras el fracaso de la misión lunar Luna-25 y la salida de Yury Borisov.
Rassvet se integra al proyecto Esfera, presentado por Vladimir Putin en 2018, que busca construir una red satelital integral para telecomunicaciones, navegación, observación terrestre y telemetría. La iniciativa apunta a reducir la dependencia de sistemas extranjeros y garantizar servicios críticos en medio de sanciones internacionales.
Aunque la escala inicial de la constelación rusa es menor que la de Starlink —que opera con más de 8.000 satélites—, sus avances tecnológicos son prometedores. Las pruebas actuales muestran velocidades de 48 Mbps y latencias de 42 ms, suficientes para videollamadas y transmisión en 4K.
El proyecto ruso podría resonar en países del sur global que buscan alternativas a las redes controladas por Estados Unidos o China. En ese sentido, Rassvet no solo representa una apuesta tecnológica, sino también una herramienta de influencia geopolítica en la era de la soberanía digital.
Redacción Diario Inclusión










