En la era del contenido digital y la educación virtual, la calidad visual dejó de ser un lujo para convertirse en una necesidad. Ya sea en videollamadas laborales, clases online o tutoriales, la correcta iluminación del rostro influye directamente en la percepción de profesionalismo, claridad del mensaje y conexión con el público.
El aro de luz —también conocido como ring light— se consolidó como el accesorio estrella para quienes buscan mejorar su imagen en pantalla. Su diseño circular permite distribuir la luz de forma homogénea, eliminando sombras y resaltando detalles faciales, lo que genera un acabado estilizado y profesional.
Existen múltiples modelos adaptables a cada necesidad: desde versiones compactas para smartphones hasta kits completos con trípode regulable. Su portabilidad y facilidad de uso lo convierten en una herramienta accesible para educadores, influencers, periodistas y estudiantes que transmiten desde casa.
Para aprovechar al máximo su potencial, es clave posicionarlo a la altura de los ojos o ligeramente por encima, con un ángulo de 45 grados. La distancia ideal ronda entre uno y 1,5 metros, dependiendo del espacio y la intensidad lumínica. Este enfoque permite iluminar el rostro sin deslumbrar ni generar reflejos.
Además, se recomienda complementar el aro con fuentes de luz secundarias —como lámparas de escritorio o luces LED laterales— para evitar zonas oscuras y lograr una imagen equilibrada. El esquema de tres puntos de luz (frontal, lateral y trasera) es el preferido por profesionales del audiovisual.
Otro aspecto fundamental es el ajuste de brillo y temperatura de color. Para simular luz natural, se sugiere una temperatura entre 5000 y 6500 Kelvin. En ambientes cálidos, puede bajarse a 3000K. Adaptar el balance de blancos en la cámara garantiza colores fieles y una estética cuidada.
Finalmente, quienes usan gafas deben realizar pruebas de ángulo para evitar reflejos molestos. También es importante considerar el color del fondo y la ropa, evitando tonos brillantes o saturados que compitan visualmente con el rostro.
La iluminación dejó de ser un detalle técnico para convertirse en un factor de impacto comunicacional. El aro de luz democratiza el acceso a una imagen profesional, potenciando la presencia digital de quienes enseñan, informan o crean desde cualquier rincón.
Redacción Diario Inclusión