En 1993, y luego de romper con su tercer matrimonio, un emprendedor que se dedicaba a las ventas callejeras decide instalarse en Nueva York con su modesto puesto de peladores de patatas. Allí, en medio de los peatones, conseguiría construir una fortuna tras vender más de 10 millones de unidades de su producto, ganándose el reconocimiento como uno de los mejores vendedores callejeros de la ciudad.
El protagonista de esta historia es Joe Ades, quien nació el 18 de diciembre de 1934 en Manchester, Inglaterra.
Joe fue el menor de 7 hijos en una familia judía de pocos recursos y su infancia estuvo llena de dificultades. Él creció en un hogar de adopción debido a que sus padres se la pasaban todo el día trabajando y no tenían tiempo para cuidarlo. Su padre trabajaba en la industria textil y su madre era ama de casa.
A la edad de 14 años, Joe abandonó sus estudios y comenzó a trabajar como vendedor ambulante en los mercados callejeros locales que surgieron al norte de Inglaterra luego de la Segunda Guerra Mundial.
“Me intrigaba. Veía a varias personas que estaban vendiendo sus productos: cordones de zapatos, jarabe para la tos, todo tipo de cosas. En su mayoría, eran personas mucho mayores que yo, pero muy buenos en su juego. Eran hombres de espectáculo.” –Dijo Joe en una entrevista.
Al joven Joe le fascinaba las historietas cómicas, y su gusto lo llevó a ser vendedor callejero de cómics de segunda mano. Luego también vendió productos textiles, joyas y juguetes.
Al transcurrir dos años, ya había ganado el suficiente dinero para tomar una decisión que marcaría su vida: emigrar con su familia a Estados Unidos. Él, junto a sus padres y hermanos, se instalaron en la ciudad de Nueva York. Allí seguiría con su labor de vendedor callejero, donde comercializó todo tipo de objetos.
«Lo más raro que vendí, fueron árboles de Navidad en pleno febrero.» –Contó Joe en un reportaje para NBC en el que relataba cómo lidió los primeros meses luego de su llegada a las calles de Estados Unidos.
Con el paso del tiempo, Joe fue ganando experiencia en el mundo de las ventas callejeras, hasta que, de pronto, el amor tocaría a las puertas de su corazón emprendedor.
En 1956, contrajo matrimonio con Shirley, mujer con la que tendría tres hijos. La familia se mudó a Sydney, Australia, en busca de una vida más agradable, y de inmediato Joe comenzaría a establecer mercados en los estacionamientos de autocines. Su pasión por las ventas callejeras no tenía límite.
Durante los siguientes 25 años, Joe y su esposa vivieron en territorio australiano, teniendo su negocio de vender productos textiles en ferias callejeras y cargando sus productos en la parte trasera de un camión de acarreos. Desafortunadamente, diversos factores afectaron la relación y tomaron la decisión de divorciarse.
El matrimonio de Joe con Shirley terminó en 1980. Posteriormente, Joe se volvió a casar y se volvió a divorciar en dos ocasiones más antes de regresar a Nueva York.
Antes de separarse de su tercera esposa, ella le regaló un libro que se convirtió en su biblia: “London Labor and the London Poor”, una obra en cuatro volúmenes de Henry Mayhew.
Mayhew, contemporáneo de Charles Dickens, registraba las actividades de los vendedores ambulantes de la época victoriana. En el libro, Mayhew exploró y recopiló cientos de testimonios de toda clase de labores callejeras de aquella época, incluyendo desde artistas callejeros, hasta farsantes, estafadores y ladrones.
«En una categoría para ellos solos, estaban los vendedores ambulantes, a quienes Mayhew divide en dos grupos principales: los charlatanes, como él los llama, y todos los demás.» -Señaló Joe sobre su libro favorito.
Joe quedó maravillado con esta obra literaria, y esta le abriría los ojos para seguir creciendo en el mundo de las ventas callejeras. Guiado con nuevo conocimiento, regresó junto a su hija a Nueva York para establecerse específicamente en Manhattan.
Encontrando un producto ganador: Peladores de papas y verduras
A partir de 1993, comenzaría su cita con el éxito. Joe empezó a vender peladores de papas y verduras de acero inoxidable por $5 dólares cada uno, los cuales eran fabricados en Suiza. Su puesto principal se ubicaba en una parcela en Union Square Greenmarket.
Al principio, Joe era el tipo desapercibido de la esquina. Parecía un poco loco pelando papas en un traje de poliéster y sudando como una estrella del atletismo bajo el calor del verano neoyorkino.
«He vendido cosas por mucho menos que el pelador de patatas. La gente dice: ‘¿Cómo puedes ganar dinero vendiendo algo por $5 dólares?’ Vendo mucho, así es. Había un tipo en Trafalgar Square que vendía paquetes de alpiste a los turistas. Eran pequeños paquetes para alimentar a las palomas, y esa persona era el dueño de bloques de pisos, según me sé la historia.» –Explicó Joe.
El «Caballero Pelador», como fue también conocido Joe, vestía trajes Chester Barrie y camisas de Turnbull & Asser, y se sentaba en un taburete de madera haciendo demostraciones de sus peladores y ofreciendo muestras de patatas peladas a los transeúntes para seducirlos con su producto.
Sus peladores de acero inoxidable, fabricados por una empresa suiza, eran tan pequeños que cabían en la palma de la mano y Joe era el único que los tenía en Nueva York.
«Mi producto es portátil, funciona y nunca recibí una queja.» –Afirmó de forma contundente.
Según uno de sus clientes, la estrategia de Joe era llamar la atención hablando consigo mismo en voz alta:
«Su tono realmente llegaba, haciendo detener a la gente. Y una vez que tenía uno, tenía una multitud, y una vez que tenía una multitud, vendería peladores.» -Relató el cliente.
Joe, que se describía a sí mismo como un «estafador», nunca se molestó en obtener una licencia para trabajar en la calle. En consecuencia, la policía a menudo le significaba problemas. A veces, contrataba a un individuo fornido llamado Tony, cuya función era advertirle cuando las autoridades estaban a punto de llegar.
Al señor Joe le gustaba el reconocimiento y nunca fue descortés, pero, en privado, cuestionaba el uso de la palabra «vendedor».
«No podía vender bienes raíces o autos, por ejemplo. Lo que me gusta hacer es presentarme ante una multitud, reunir a una multitud y hacer que me den su dinero.» –Explicó.
Joe vendía suficientes peladores de patatas, y, en octubre del año 2000, pudo disfrutar de la sociedad del café en el Pierre Hotel, en el Upper East Side, donde vivía con su cuarta esposa, Estelle Pascoe, en su apartamento de tres habitaciones en Park Avenue.
Luego de sus extensas jornadas de trabajo como vendedor callejero, Joe se juntaba a descansar en medio de personas de la alta sociedad y siempre bebía una botella de champán de marca Veuve Cliquot. Cuando alguien le preguntaba a qué se dedicaba, él muy feliz alzaba su copa y orgullosamente gritaba: «¡Vendo pelapatatas en la calle!».
Según Ruth Ades-Laurent, hija de Joe, su padre logró vender más de 10 millones de peladores de patatas durante toda su vida, convirtiéndose en una leyenda en Nueva York, donde aún es conocido como «el mejor vendedor callejero de la ciudad». Se calcula que a lo largo de su carrera como vendedor llegó a acumular una fortuna de entre $10 y $20 millones de dólares. De ese dinero, donó gran parte a diversas organizaciones benéficas.
Joe Ades falleció el 1 de febrero de 2009 a la edad de 74 años, solo un día después de haber sido informado de que se le había concedido la ciudadanía estadounidense.










