El calendario ya lo marca y los mercados lo saben: el 15 de mayo de 2026 Jerome Powell dejará de ser oficialmente el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos. No se trata de un rumor ni de una maniobra política de último momento, sino de un hecho administrativo establecido por ley. Powell inició su segundo mandato como chairman de la Fed el 12 de mayo de 2022, y ese ciclo concluye exactamente cuatro años después.
Aunque su mandato como miembro del Consejo de Gobernadores se extiende hasta enero de 2028, la historia de la Reserva Federal muestra que quien pierde el sillón principal, pierde también el poder real. Y el poder que está en juego no es menor: el presidente de la Fed tiene hoy más influencia sobre la inflación, el crédito y las hipotecas que el propio presidente de Estados Unidos.
Una Fed dividida y sin margen de error
La salida de Powell se produce en el peor momento posible. La Reserva Federal llega a 2026 fracturada internamente, con señales de una división que no se veía desde hace décadas. En la última reunión de política monetaria de diciembre de 2025, el Comité Federal de Mercado Abierto votó 9 a 3 a favor de un recorte marginal de tasas, una cifra excepcionalmente alta de disensos.
Para dimensionar la gravedad: desde 1990, solo nueve reuniones de la Fed registraron tres o más votos en contra. No es una diferencia técnica, es una señal de crisis institucional. El árbitro del sistema financiero mundial entra al año decisivo discutiendo consigo mismo.
Mientras tanto, la inflación volvió a acelerarse. Tras tocar el 2,3% en abril de 2025, subió de forma constante hasta ubicarse en torno al 3% hacia septiembre, confirmando que el fenómeno inflacionario no está controlado. Al mismo tiempo, el desempleo mostró un leve pero persistente aumento, debilitando el argumento de una economía sólida.
Presión política y candidatos en pugna
En paralelo, la Casa Blanca endureció su discurso contra la Fed. Donald Trump y su entorno han cuestionado públicamente a los funcionarios del banco central por no bajar las tasas con mayor agresividad. La presión es directa y sin disimulo.
En ese contexto, el nombre de Kevin Hassett emerge como el favorito político para reemplazar a Powell. Actual director del Consejo Económico Nacional, Hassett representa una Fed más alineada con el poder ejecutivo, dispuesta a bajar tasas incluso con inflación elevada. Las apuestas en mercados predictivos ya lo reflejan: su probabilidad de asumir supera el 50%, duplicando a otros candidatos.
Pero existe otra alternativa que inquieta aún más a Wall Street: Kevin Warsh, exgobernador de la Fed, crítico histórico de la expansión monetaria y defensor de una política dura contra la inflación, incluso a costa de una recesión. Dos modelos opuestos, ambos con consecuencias profundas.
La bomba que hereda el próximo presidente de la Fed
Más allá de los nombres, el verdadero problema es estructural. Estados Unidos enfrenta una deuda federal que supera los 36 billones de dólares, con un costo de intereses que roza el billón anual. En el ejercicio fiscal 2025, el gasto en intereses alcanzó los 970.000 millones de dólares, duplicándose en apenas tres años.
El dato es demoledor: Estados Unidos ya gasta más en intereses de deuda que en defensa, y una porción creciente de los impuestos se destina exclusivamente a pagar préstamos pasados. El próximo jefe de la Fed asumirá con una pistola en la sien.
Si mantiene tasas altas para contener la inflación, asfixia al Tesoro.
Si baja tasas para aliviar al Estado, castiga el poder adquisitivo de la población.
No hay salida limpia.
Hipotecas caras y un mercado congelado
Para el ciudadano común, el impacto ya es tangible. Aunque la Fed haya iniciado recortes simbólicos, las hipotecas siguen por encima del 6%, muy lejos del dinero barato de la era post-pandemia. Comprar una vivienda sigue siendo un lujo inalcanzable para millones.
Las proyecciones no son alentadoras: expertos anticipan un crecimiento de apenas 1,4% en los precios de la vivienda en 2026, el ritmo más bajo desde 2011, justamente porque el crédito seguirá caro.
El verdadero punto de quiebre
El 15 de mayo de 2026 no será un trámite burocrático. Será el momento en que se materialicen años de tensiones acumuladas: deuda récord, inflación persistente, presión política y una Reserva Federal que ya no logra mostrar unanimidad ni autoridad.
Jerome Powell se va.
La calma tensa termina.
Y el sistema financiero global entra en una etapa donde cada decisión puede desatar una crisis o postergar otra aún mayor.
Lo que ocurra después no dependerá solo de quién ocupe la silla, sino de si todavía queda margen para sostener un equilibrio que hoy parece al borde del colapso.
Redacción: Diario Inclusión.










