La historia laboral argentina, desde la organización sindical impulsada por Juan Domingo Perón, se caracterizó por salarios superiores al promedio latinoamericano. Sin embargo, las recurrentes devaluaciones y crisis económicas erosionaron ese diferencial, aunque siempre con posteriores procesos de recuperación. Hoy, bajo la administración Milei, el escenario parece distinto: el ajuste apunta a clausurar cualquier posibilidad de recomposición futura.
El plan oficial se sostiene en una apertura comercial abrupta, tarifas dolarizadas en servicios básicos, costos financieros elevados y la degradación de organismos científicos y tecnológicos como el INTI, INTA y CONICET. Todo ello configura un entorno adverso para la industria nacional, que genera el 20% del empleo formal y que ahora se ve forzada a reducir producción y orientar capitales hacia negocios de importación y especulación financiera.
En este contexto, la variable de ajuste inmediata es el salario. Con suspensiones, despidos y un mercado laboral debilitado por la informalidad creciente, el gobierno impulsa una reforma laboral que apunta a la precarización. El salario mínimo, vital y móvil, fijado en apenas 225 dólares, es hoy el más bajo de la región, por debajo de Bolivia y Paraguay.
La consecuencia directa es una caída del consumo interno y una presión adicional sobre los trabajadores, que ven cómo sus ingresos convergen hacia los niveles más bajos de Sudamérica. La remuneración promedio del sector privado formal, que alcanzaba 1.336 dólares, se desploma frente a un promedio regional de 565 dólares, disciplinando aún más al mercado laboral.
Mientras tanto, los sectores ganadores del modelo son claros: energía, minería, agro de gran escala, bancos, financieras y empresas de servicios públicos privatizados. Entre 2023 y 2025, las tarifas de electricidad subieron 344%, el gas 617%, el boleto de colectivo 834% y el subte 1346%, muy por encima del 250% de inflación acumulada.
El resultado es una economía que se normaliza a la baja, con una estructura productiva debilitada y salarios convergentes hacia el promedio regional. La partida que juega Milei, con apoyo del FMI y Estados Unidos, redefine el perfil productivo y distributivo del país. El jaque está dado; la incógnita es si habrá mate.
✍️ Redacción Diario Inclusión










